Qué hay detrás de las personas que siempre están a la defensiva
Cuando tenemos conflictos no resueltos, solemos levantar un “escudo de protección” para evitar sufrir; es importante volver a lo que nos sucedió y atenderlo para poder sanar
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Hay gente que no puede evitar estar a la defensiva. Cuando se relacionan con los demás, siempre se están defendiendo a sí mismos. Esto sucede porque, cuando tenemos conflictos no resueltos, solemos levantar un “escudo de protección” para evitar sufrir.
Lo anteriormente expresado hace que tomemos distancia afectiva de todo el mundo, incluso de nuestros seres queridos, y que proyectemos nuestros conflictos sobre distintos “espacios” concretos o simbólicos. Podemos mencionar tres de ellos:
1. Proyección sobre otras personas
La persona defensiva cree que el otro es “el motivo de su malestar”, y dicha creencia la conduce a desplazar su conflicto en los demás; puede ser en la pareja, en los hijos, en los padres, en los compañeros de trabajo e, incluso, en los desconocidos. Actualmente, somos testigos a diario de situaciones de violencia. Y muchos agreden a otros puesto que, en realidad, es la única manera que tienen de colocar afuera el conflicto que no se atreven a enfrentar.
2. Proyección sobre el propio cuerpo
A veces, el conflicto no resuelto se puede desplazar hacia el propio cuerpo. Hay una parte de este que a la persona no le agrada en absoluto (las manos, los pies, la nariz, etc.). Como resultado, proyecta un malestar que proviene de otro lado en ese aspecto de su físico que considera indeseable. Entonces, ¿qué hace? Ahora persigue y maltrata su cuerpo.

3. Proyección sobre los logros
Mucha gente, sin darse cuenta, camina destruyendo sus logros y todas las cosas lindas que le suceden. ¿Por qué ocurre esto? Porque ese conflicto no atendido va contaminando y generando un “autoboicot” de todo lo bueno que le sucede. Es decir, de lo relativo a todo lo bueno que la vida les ofrece. Por ejemplo, forman una pareja y procuran engañarla; o consiguen un buen trabajo y se comportan de tal manera que terminan despidiéndolos.
En los tres casos, se levantan las defensas rígidamente para no reconocer y atender el conflicto y el dolor que este nos produce. ¿Qué deberíamos hacer cuando somos conscientes de esta actitud? Tomar contacto con lo que nos sucedió y no atendimos en su momento y expresar (desgastar) lo que sentimos. Solo así evitaremos proyectarlo en los demás, en el propio cuerpo y en las cosas buenas que vivimos. Y, por ende, nos sanaremos.
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