Es una planta capaz de bloquear o neutralizar energías negativas que ingresan desde el exterior
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Colocar un cactus en el balcón, según la filosofía del Feng Shui, responde a una práctica con sentido energético específico y no solo a un criterio estético. Se le atribuye el rol de “guardián” del hogar: una planta capaz de bloquear o neutralizar influencias negativas que ingresan desde el exterior.
En este sistema de armonización de espacios, cada planta cumple una función dentro del flujo de energía o Chi. El cactus se asocia particularmente a la defensa: sus espinas simbolizan una barrera activa que repele ideas externas no deseadas antes de que entren a la casa. Por eso, se considera más una planta protectora que decorativa.
El balcón ocupa un lugar clave en esta interpretación. Es visto como una “puerta espiritual”, un punto de transición entre interior y exterior por donde circulan ruidos, tensiones, conflictos ajenos y cargas emocionales provenientes del entorno urbano o del vecindario. Ubicar allí el cactus refuerza la idea de marcar un límite, como una primera línea de contención frente a ese flujo.

La orientación también tiene peso simbólico: se sugiere colocar la planta mirando hacia afuera, dirigida hacia la calle, otros edificios o la zona de mayor movimiento emocional. De este modo, el cactus quedaría “apuntando” hacia las fuentes principales de tensión o ruido, actuando como filtro antes de que esa energía llegue al interior del hogar.
El Feng Shui, sin embargo, desaconseja ubicar al cactus dentro de áreas de descanso como dormitorios o livings. La razón es que la energía defensiva que se atribuye a estas plantas podría generar sensación de tensión interna si se las coloca en espacios concebidos para el reposo, el encuentro o la relajación. En cambio, se los prefiere en espacios exteriores o de transición.
El estado de la planta se considera un indicador adicional. Un cactus sano, bien regado y limpio se interpreta como señal de protección activa y flujo adecuado; en cambio, un ejemplar seco, descuidado o dañado se asocia a estancamiento o desorden energético. Cuidar la planta forma parte, por tanto, de la práctica simbólica de cuidar el propio hogar.
La capacidad de esta planta para sobrevivir en condiciones adversas (con poca agua y alta exposición al sol) se vincula, en este marco, con ideas de resistencia y límites claros. De ahí que se lo use como emblema de protección personal frente al entorno y no solo como recurso decorativo de bajo mantenimiento.
Viéndolo desde la mirada del Feng Shui, poner un cactus en el balcón significa instalar un elemento de defensa energética en un punto estratégico de la vivienda.
Su función principal sería actuar como barrera simbólica frente a influencias externas y contribuir a preservar la armonía interior del hogar, más allá de su valor decorativo.
Se trata de una declaración de fortaleza, un emblema de protección frente al entorno y una forma de expresar valores personales que resuenan en el lenguaje visual de las redes sociales.

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