Con más de 25 años de experiencia en la industria tecnológica, Santiago Bilinkis responde a una de las preguntas más frecuentes desde que surgió la IA
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Hace tan solo una semana, una decisión empresarial sacudió al escenario global y encendió una alarma: el emprendedor tecnológico Jack Dorsey, conocido por haber sido cofundador de Twitter y de la empresa tecnológica Block, enfocada en pagos digitales y tecnología financiera, anunció que despediría a más de 4000 personas de esta última compañía. ¿El responsable detrás de esta medida? Un actor que pasó a ser el protagonista de muchas conversaciones cotidianas y alguien que está moviendo gran cantidad de dinero en el mundo: la inteligencia artificial.
Dorsey no es el único empresario que redujo a prácticamente la mitad la plantilla de su empresa. Amazon confirmó en enero pasado una nueva ronda de despidos que afectará a unos 16.000 empleados corporativos en todo el mundo; meses antes, en octubre de 2025, ya había hecho un ajuste en su staff, cuando despidió a aproximadamente 14.000 puestos administrativos y de gestión. Esto suma más de 30.000 desvinculaciones en tan solo cuatro meses, algo que obedece a la voluntad de los ejecutivos de la compañía de reducir costos en un mundo en transición hacia la IA.
Santiago Bilinkis, creador digital, tecnólogo y divulgador, estudia el tema desde hace tiempo y destaca un caso que insinúa una nueva tendencia en el mundo laboral: “El CEO de Shopify definió hace poco una nueva regla: antes de contratar a alguien, tenés que demostrar que no podés resolver esa tarea con IA”. Bilinkis considera que se trata de un punto de inflexión, donde el paradigma ya no es “probemos con IA”, sino “demostrá que hace falta un humano”.
Al mismo tiempo, explica que otras empresas que adoptaron medidas drásticas en relación a la IA sufrieron un revés imprevisto. Este fue el caso de Klarna, la compañía de pagos globales que “anunció hace meses que su asistente con IA pasó a manejar dos tercios de sus chats y que estaba rumbo a prescindir de casi todas las personas que se ocupaban de eso. Pero después pasó algo inesperado: la calidad y la experiencia del cliente empeoraron tanto que tuvieron que volver a poner a humanos como parte del circuito”, explicó el tecnólogo.
La ecuación de “adoptar IA y, por ende, despedir personal” parecería no ser tan lineal. En diálogo con LA NACION, Bilinkis profundizó en una cuestión que inquieta a muchos argentinos y personas en el mundo: ¿cómo afectará la inteligencia artificial al mundo del trabajo?
¿Qué profesiones van a desaparecer con la IA?
Para responder a esta inquietud, el creador digital pone sobre la mesa un elemento clave: “La IA no reemplaza profesiones, sino tareas”. Bilinkis explica que las profesiones no son una unidad indivisible, sino que están conformadas por una gran cantidad de tareas diversas. Si se toma el caso de un abogado, se podría decir que este se reúne con clientes, investiga jurisprudencia, redacta escritos, argumenta frente a un tribunal, etc.
“La IA nunca será abogada”, es contundente Bilinkis y explica que esta tecnología puede reemplazar tareas, automatizar algunas por completo, otras las vuelve mixtas y, en otras, amplifica lo que puede hacer una persona.
En ese contexto, señala que la pregunta importante no es si una profesión va a desaparecer, sino ¿en cuáles de mis tareas las máquinas van a ser mejores que yo… y en cuáles voy a seguir siendo mejor yo, con la ayuda de una máquina? Se trata de un ejercicio que es distinto para cada persona y cada trabajo y que, además, evoluciona con el tiempo, dado que cada nuevo sistema de IA trae novedades y reconfigura el ecosistema tecnológico constantemente.

Bilinkis explica que, entre tanta confusión y cambio, algo permanece claro: “La IA va a estar metida cada vez más en nuestros trabajos y no saber usarla va a ser una desventaja enorme. El mayor riesgo de corto plazo no es perder tu empleo contra una IA, sino perderlo contra una persona que la aprovecha mejor que vos”.
Un peligro inminente
Además de abordar la pregunta sobre cómo cambiarán las profesiones con la adopción de inteligencia artificial, Bilinkis se sumerge más profundamente en el tema y pone sobre la mesa otro ámbito en el que la IA ya está generando impacto, pero del que todavía no se habla mucho: los jóvenes profesionales. Más allá de los cambios que hoy están teniendo lugar en las profesiones que ya existen, le preocupa el resultado “en los primeros escalones de la escalera laboral”.
“Un joven que recién empieza no decide. No diseña. No lidera. Hace tareas simples. Sigue instrucciones. Exactamente lo que una IA hace hoy muy bien, muy barato y muchísimo más rápido”, explica Bilinkis y apunta alertado que, en un mundo donde el desempleo juvenil ya era alto, ahora está peor.
Cita un estudio del Foro Económico Mundial que muestra que la mitad de los jóvenes cree que la IA redujo el valor de su título universitario. Pero no se trata solo de una predicción, algunas decisiones de gigantes tecnológicos ya lo demuestran: “En 2025, compañías como Meta, Microsoft o Google contrataron 25% menos recién graduados que el año anterior, la mitad de lo que contrataban en 2019. Dario Amodei, CEO de Anthropic, cree que esto recién empieza y hace una predicción brutal: la IA podría eliminar la mitad de los empleos de nivel inicial en los próximos cinco años”.
¿Qué pasará en el futuro?
¿Qué nos aguarda en los próximos años? Bilinkis explica que hay visiones que apuntan en direcciones completamente opuestas. Aunque advierte que casi todos los que hablan al respecto tienen intereses en juego, detalla las distintas posturas: en el extremo más oscuro están algunas de las personas que imaginan a la IA como algo contra lo que ningún ser humano podría competir. Entre ellos, “destaca Geoffrey Hinton, premio Nobel y considerado el padrino de la IA; cree que vamos hacia un futuro de desempleo masivo y no en 2045, sino en 2030. Sostiene que la IA no va a reconfigurar el trabajo: lo va a sustituir”.
También trae a colación al historiador Yuval Harari y explica que va un paso más allá: “Ya no habla de desempleo, sino de inempleabilidad. Y pronostica el surgimiento de una nueva clase social numerosa a la que llama «the useless class», algo así como «la clase que no sirve para nada»“. En otras palabras, se refiere a personas que no es que no tengan trabajo, sino que no tienen las habilidades que el mercado demanda y, lo que es peor, no pueden aprenderlas lo suficientemente rápido antes de que la tecnología vuelva a cambiar.

Pero aclara que no todos ven un escenario catastrófico. “Hay un grupo que cree que la IA va a absorber muchos trabajos, sí, pero también va a crear otros nuevos. Que habrá sufrimiento en la transición, pero que a largo plazo terminaremos mejor. Entre sus argumentos históricos, destaca el de la Revolución Industrial; antes de que este hito tuviera lugar, la economía mundial crecía apenas un 8% por siglo, pero después de la llegada de las máquinas que amplificaban la fuerza física, pasamos a crecer un 350% por siglo. Ese salto se tradujo en menos pobreza, más años de vida y mejores condiciones materiales para millones", explica Bilinkis. Entre estos optimistas moderados detalla que se encuentran Eric Schmidt, expresidente de Google; Jensen Huang, fundador de Nvidia; y Demis Hassabis, fundador de DeepMind.
En último término, aparecen los optimistas extremos. “Estos creen que la IA no solo no será negativa, sino que llevará a la humanidad a un futuro de abundancia. Entre ellos, destaca Sam Altman, CEO de OpenAI, y Elon Musk, quien afirma que en 2045 «solo trabajarán los que quieran», que el dinero desaparecerá y todos tendremos ingresos universales generados por la propia tecnología”, agrega Bilinkis. Y aunque no se hable mucho del cuarto bando, él confirma que existe uno: son los que consideran que no pasará nada con la IA, sino que todo se trata de puro hype.
¿Qué piensa Bilinkis? No puede dar una respuesta, considera que es difícil definir qué pasará en un futuro, pero brinda un criterio para analizar la situación: “El futuro del trabajo no lo va a determinar solo la tecnología. Lo van a determinar las decisiones que tomemos como sociedad sobre cómo queremos usarla”. En definitiva, detrás del futuro tecnológico, hay elecciones políticas y económicas. Bilinkis explica que Daron Acemoglu, Premio Nobel en 2024 y uno de los economistas más influyentes del planeta, lleva años estudiando cómo las instituciones moldean la sociedad: “Su advertencia es directa, asegura que la tecnología no cae del cielo, sino que se construye. Y se construye siguiendo incentivos concretos”, explica el tecnólogo y agrega: “La pregunta central no es si la IA puede hacer tu trabajo, sino: ¿para qué la están diseñando? ¿Para amplificar tu potencial… o para reemplazarte?“.
¿Qué pasará entonces? “Si los incentivos siguen siendo los mismos (maximizar ganancias, reducir costos laborales, aumentar márgenes) entonces la IA se va a usar cada vez más para reemplazar, no para amplificar”, explica Bilinkis y concluye con una recomendación: “No sabemos todavía si va a llover, pero por las dudas vale la pena tener un paraguas a mano. Sabemos algo con certeza: quedarse distraído es la peor estrategia posible, pero estar atento a lo que ocurre allá afuera es como leer el diario del lunes cuando todavía es viernes”.
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