Murió Antonio Tejero, el teniente coronel que se convirtió en símbolo del intento de golpe durante la transición española
El guardia civil fue condenado a 30 años de prisión por rebelión tras irrumpir en 1981 en el Congreso de los Diputados; el anuncio de su muerte coincide con la publicación de los documentos desclasificados del golpe fallido
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MADRID.– Antonio Tejero Molina, el teniente coronel de la Guardia Civil que se convirtió en el símbolo del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 con su entrada pistola en mano en el hemiciclo del Congreso de los Diputados al grito de “¡quieto todo el mundo!”, murió a los 93 años. El anuncio de su muerte, adelantado este miércoles por el abogado de la familia, Luis Felipe Utrera Molina, coincide con la publicación en la página web de La Moncloa de los documentos desclasificados del golpe fallido, procedentes de los archivos de los ministerios de Defensa, Interior y Exteriores.
Tejero, expulsado del instituto armado tras ser condenado a 30 años de cárcel como uno de los principales instigadores de aquella tentativa, vivía desde hace años en su provincia natal, Málaga, y sus apariciones públicas se habían ido espaciando cada vez más en los últimos años. Una de las últimas fue el 24 de octubre de 2019, cuando acudió al cementerio de Mingorrubio, en Madrid, para asistir a la reinhumación de los restos del dictador Francisco Franco tras su salida del Valle de Cuelgamuros. Convertido en un símbolo para la ultraderecha más nostálgica, Tejero era el último de los tres principales condenados del fallido golpe de Estado que seguía vivo tras el fallecimiento de los generales Jaime Milans del Bosch en 1997 y Alfonso Armada en 2013.

La fotografía de Tejero con el tricornio calado, pistola en mano y al grito de su célebre “¡se sienten, coño!” en la tribuna del Congreso es la imagen más reconocible del 23-F. El militar fue uno de los cabecillas de aquel golpe de Estado al entrar junto a dos centenares de guardias civiles en la Cámara baja mientras se celebraba la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo como presidente del Gobierno. Los tiros al techo del hemiciclo, que aún conserva la marca de los impactos, fueron el preludio de un episodio que mantuvo durante 18 horas secuestrados a los diputados y al Gobierno en pleno. Las discrepancias aquellas horas entre el propio Tejero y el general Armada sobre la composición del gobierno que debía salir de la tentativa aceleraron el fracaso del golpe.
Tejero fue juzgado junto a otras 32 personas por aquella tentativa y condenado en primera instancia y después por el Tribunal Supremo a 30 años de cárcel por un delito de rebelión militar consumado y por ser uno de los tres ejecutores materiales, directos y personales de los hechos, junto al Milans del Bosch –que sacó los tanques a las calles de Valencia– y Armada. Tejero cumplió condena en varios recintos militares, pidió por medio de una cofradía el indulto, del que pronunció a favor el Tribunal Supremo, pero el Gobierno se lo denegó. Obtuvo el tercer grado penitenciario o régimen de semilibertad en 1993 y accedió a la libertad condicional en 1996. Durante su etapa en prisión provisional creó un partido político, Solidaridad Española, que concurrió a las elecciones generales de 1982 con el lema “¡Entra con Tejero en el Parlamento!”. Aunque presentó listas en 32 provincias, solo obtuvo 28.451 votos, el 0,14%.

Tras salir de prisión, dedicó la mayor parte de su tiempo a la pintura, aunque en ocasiones participaban en iniciativas de marcado carácter político. Así, en noviembre de 2012 presentó una denuncia contra Artur Mas, entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, por conspiración e intento de sedición por sus planes independentistas en Cataluña. En 2023 hizo lo mismo contra Pedro Sánchez por sus negociaciones de investidura con partidos nacionalistas. Ese año, en una conversación con El Español, Tejero explicaba sus motivos: “No veo ninguna reacción social ante las barbaridades que hace ese hombre que se llama Pedro” y se reafirmaba en sus viejas convicciones: “Me gustaría que hubiera un gobierno militar que pusiera las cosas en su sitio”, aunque aseguraba aceptar al “PP como mal menor”.
Una de sus últimas apariciones públicas fue en 2019, en la inhumación del cuerpo de Francisco Franco en el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo (Madrid), tras la salida de los restos del dictador de la basílica del Valle de Cuelgamuros. El exguardia civil intentó cruzar, sin éxito, un cordón policial que rodeaba el acceso al panteón donde se enterraba al dictador. La última noticia sobre él se produjo el pasado marzo, cuando su nombre apareció entre los firmantes de un comunicado de la autodenominada Plataforma 2025 que arrancaba con un “nosotros, españoles agradecidos con Francisco Franco...”. La plataforma pretendía contraprogramar, con charlas y eventos de homenaje, el calendario de un centenar de actos organizados por el Gobierno con motivo del 50º aniversario de la muerte del dictador y el inicio de la transición a la democracia contra la que Tejero se levantó en armas.
El 23-F no había sido, sin embargo, la primera vez que el teniente coronel había protagonizado sucesos de carácter político. Su primer incidente con trascendencia pública se produjo con ocasión de la despenalización del uso de la ikurriña en enero de 1977. Tejero, destinado en aquel momento en San Sebastián, envió un telegrama al entonces ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, en el que mostraba su enérgica disconformidad con la medida. A raíz de este incidente, Tejero fue trasladado a Málaga como jefe de la Comandancia de la Guardia Civil.
Meses después, en octubre del mismo año, el militar volvió a ocupar espacio en las páginas de los diario cuando, al frente de una compañía del instituto armado, impidió la celebración de una manifestación política previamente autorizada. Ese día, ETA había asesinado al presidente de la Diputación de Bizkaia. “Hoy es un día de luto en España y aquí no se manifiesta nadie”, les espetó a los manifestantes. Interior le retiró el mando y lo arrestó en su domicilio. Menos de un año después, el mando de la Guardia Civil publicaba en el diario El Imparcial una carta abierta al rey Juan Carlos en la que se mostraba abiertamente disconforme con la Constitución que sería aprobada mayoritariamente en referéndum en diciembre de 1978. Tejero fue expedientado por aquella carta.
Sin embargo, su episodio más grave antes del 23-F fue otro intento golpista: la llamada Operación Galaxia, en la que él y el capitán del ejército Ricardo Sáenz de Ynestrillas mantuvieron contactos en la cafetería Galaxia, en Madrid, para preparar un golpe el 17 de noviembre de 1978. El plan de la operación incluía la ocupación del Palacio de la Moncloa, donde el Gobierno estaría reunido en Consejo de Ministros, la detención de todo el Gabinete y la petición al Rey de formar un Gobierno de salvación nacional. La conjura se descubrió gracias al testimonio de algunos oficiales con los que habían contactado el teniente coronel e Ynestrillas y que rechazaron participar en el complot. Las penas impuestas por aquella intentona fueron mínimas: siete meses de prisión para Tejero y seis meses y un día para el otro militar implicado.
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