Golpes secos, silencio espectral y caos en la cena de Trump con los periodistas acreditados en la Casa Blanca
Disparos dentro del Washington Hilton interrumpieron la gala con más de 2600 invitados y obligaron a evacuar al presidente y a altos funcionarios en medio de escenas de pánico e incertidumbre
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WASHINGTON.– Un seguidilla de golpes secos, misteriosos pero perfectamente audibles: eran las 20:35 del sábado y esas fueron las primeras señales de que en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca 2026 algo andaba mal.
La charla en las mesas se detuvo.
El silencio se rompió cuando de pronto se abrieron las puertas del gigantesco salón de baile del Washington Hilton, donde unos 2600 periodistas y sus invitados, inusualmente vestidos de smoking o vestido largo, acababan de sentarse a la espera de la ensalada y una copa de vino. En la larga mesa que encabezaba el evento estaban sentados el presidente Donald Trump junto a la primera dama, Melania Trump, el vicepresidente JD Vance y otras altas autoridades.

Con sus elegantes uniformes, los mozos se lanzaron por el pasillo central, mientras los agentes de seguridad sacaban velozmente del escenario a Vance y otros funcionarios, y policías de civil se levantaban de un salto de sus sillas y ponían cuerpo a tierra a varios integrantes del Gabinete, que hasta instantes antes estaban sentados en las mesas entre los periodistas, y luego les indicaban que se acurrucaran debajo de las mesas.
Otros agentes sacaron sus armas, y otros más parecieron materializarse de la nada, ya vestidos con equipo táctico y portando armas largas entre los ya alarmados asistentes, la mayoría de los cuales ya estaba cuerpo a tierra y gateando hacia debajo de las mesas en busca de seguridad.

Al principio, cuando alrededor de ellos se desató el caos, Trump y la primera dama casi ni se movieron.
“Pensé que se había caído una bandeja al piso”, dijo Trump horas más tarde en conferencia de prensa en la Casa Blanca.
Pero no había sido el tropezón de un mozo. Más tarde el gobierno informó que un hombre que portaba diversas armas había traspasado el control de seguridad que estaba en el piso de arriba del salón de baile, en el mismo hotel donde otro hombre armado, John Hinckley Jr., le disparó al entonces presidente Ronald Reagan a la salida de un evento, en 1981.

El sospechoso del tiroteo del sábado por la noche fue identificado por un agente de la ley como Cole Allen, un profesor de California que se hospedaba en el hotel, y al parecer disparó con una escopeta con la que hirió a un agente del Servicio Secreto antes de ser reducido por la policía.
Dentro del salón de baile, los agentes del Servicio Secreto rodearon rápidamente a Trump para sacarlo de su silla. El presidente se agachó y lanzó miradas furtivas hacia el centro del salón, donde otros agentes avanzaban entre sillas y mesas para llegar hasta los funcionarios y dignatarios restantes.
El escenario fue invadido por oficiales en uniforme de combate. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, fue rápidamente retirado del salón. Los agentes empujaron hasta una sala contigua al secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, y se llevaron al presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, agarrándolo de su smoking.
Varios asistentes a la gala comenzaron a corear: “¡USA! ¡USA! ¡USA!”
Entonces, un grupo de periodistas se levantó con inquietud del piso, donde ya habían pasado varios minutos de tensión y se pusieron a trabajar: sacaron el celular del bolsillo, encendieron sus cámaras y empezaron a grabar. Eran unas 2600 personas intentando averiguar qué estaba pasando exactamente. Los rumores se extendían como reguero de pólvora. Los periodistas no lograban conectarse al wifi. En ese momento, de pronto muchos descubrieron que la contraseña de red del evento era “MOREWINE” (“más vino”).
Tras bambalinas, Trump insistió en que el show debía continuar, y les dijo a los dirigentes de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca que de todos modos deseaba pronunciar su discurso. Pero el Servicio Secreto lo convenció de volver a la Casa Blanca y la cena fue cancelada. El presidente prometió reanudar el evento en los próximos 30 días.
Mientras tanto, los agentes fueron sellando las puertas del salón de baile, dónde hacía cada vez más calor. La secretaria de Educación, Linda McMahon, recién pudo abandonar el hotel con su equipo de seguridad casi una hora después del hecho.
Los caballeros se quitaban el moñito y se abrían el primer botón de la camisa, y las damas se quitaron los zapatos de taco alto. Momentos después, Weijia Jiang, corresponsal de CBS News en la Casa Blanca y presidenta de la Asociación de Corresponsales, les pidió a los invitados que abandonaran el Hilton.
Los curiosos que se encontraban en el bar del hotel se quedaron junto a las salidas con los teléfonos en la mano: estaban grabando.
Traducción de Jaime Arrambide
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