La increíble historia de dos hoteleros y una grieta familiar que precedió al famoso Empire State
No muchos lo saben, pero donde hoy está el famoso edificio neoyorkino hubo antes dos hoteles enfrentados, también muy famosos e icónicos
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El Empire State ostentó durante décadas el título del edificio más alto del mundo, muchos niños lo aprendieron así en la escuela, pero pronto fue opacado por otras construcciones que apostaron a la espectacularidad vertical.
Con el tiempo, a su vez, Nueva York se convirtió en “la ciudad de los rascacielos”, con algunos cada vez más altos y, en la actualidad, algunos distritos parecen luchar contra esa hipermodernidad con un cierto “regreso” a las fuentes. Justamente, donde hoy está el Empire State, antes había un hotel que reflejaba la vida neoyorkina de entonces, llena de pujante elegancia.
En un contraste de panoramas, a inicios del siglo XIX todavía quedaban parcelas agrícolas en Manhattan, que pasaban a manos de los inversores. La ciudad era un puerto prometedor y atrajo a varios capitalistas, entre ellos estuvo John Jacob Astor.
De acuerdo con una historia que retoma La Vanguardia, había logrado su fortuna a través del contrabando de opio en China y del comercio de pieles, lo que le permitió dejar mucho a sus descendientes, incluido el pedazo de tierra en el que William Waldorf Astor decidió levantar un hotel.

William mandó a derribar la mansión de la familia a Astor y presentó un proyecto por el que nadie le daba crédito, incluía 450 habitaciones, con un estilo recargado, con bustos de monarcas europeos y un baño en cada una. Desencadenó las burlas, que más tarde se callaron cuando el tiempo le dio la razón.
El hotelero con experiencia George Boldt se encargó de todo y este edificio atrajo a la elite por su trato exquisito, incluso fue sede del selecto grupo los “Cuatrocientos de Nueva York”. También durmió ahí la nieta de la reina Victoria de Reino Unido, así como Enrique de Prusia.
Los celos de otro futuro empresario hotelero en Nueva York

El éxito llegó a tales medidas que se despertaron los celos familiares. John Jacob Astor IV, que era primo de William, decidió hacerle sombra y en 1897 inauguró al lado un hotel casi idéntico, pero con un detalle: este era tres pisos más alto y se llamó Astoria, mientras el Waldorf debía su nombre al pueblo alemán de donde provenía la familia Astor, el Astoria a la ciudad homónima de Oregón. Tiempo después, las aguas se calmaron y los primos lograron entrar en razón y dejar sus diferencias de lado.
Un símbolo de Nueva York
Finalmente, mandaron a construir una galería para conectar sus edificios y los hoteles se fusionaron bajo el nombre Waldorf-Astoria. El pasadizo fue aún más atractivo para la alta sociedad, al ser apodado como “paseo del pavo real” (Peacock Alley).
No obstante, el tiempo lo alcanzó, la estructura permaneció inmutable por varias décadas y para los años 20 ese estilo ya no estaba “de moda”. La élite tenía nuevas opciones y el Waldorf-Astoria ya no se contaba entre ellas.

De esta manera, en 1928, los propietarios decidieron vender el complejo a un grupo de inversores y siguieron con el hotel en otra, su actual, dirección sobre la avenida Park Avenue. En octubre de 1929, se pusieron los cimientos de lo que se convertiría en el Empire State. Y el resto, también es historia.
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