Las tres asimetrías de la guerra en Medio Oriente y la paradoja de la debilidad Irán, según una especialista
Tras un mes de conflicto en Medio Oriente, Estados Unidos se enfrenta a una ecuación en la que la superpotencia lleva las de perder
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La guerra en Irán está plagada de asimetrías y, como ya ocurrió en el pasado y ocurre con creciente incidencia, las asimetrías pueden traer paradojas. La más relevante en cuestiones de geopolítica es que los fuertes no logran ganar guerras frente a adversarios objetivamente mucho más débiles.
Ya le pasó a Estados Unidos en guerras tan diferentes como Vietnam y Afganistán. También le está pasando a Rusia en Ucrania. El conflicto iniciado por Estados Unidos e Israel contra Irán parece ser un caso similar.
Tres asimetrías nos ayudan a entender esta paradoja.
El cálculo del fuerte
La primera tiene que ver con los objetivos de cada uno de los actores principales. No está del todo claro qué busca Estados Unidos con esta guerra ni cómo define su potencial victoria. Con el correr de las semanas, el presidente norteamericano, Donald Trump, fue cambiando las razones y las metas del ataque. Al principio fue degradar el programa de misiles iraní; después, destruir su base industrial de defensa; más tarde, declaró haber cumplido el objetivo de eliminar la armada y la fuerza aérea de Irán.
Pero sigue pendiente la anulación del programa nuclear, que en junio de 2025 ya creía terminado. En los últimos días, Trump agregó más objetivos a su lista: la protección de sus aliados en Medio Oriente y la liberación del estrecho de Ormuz (que, vale la pena recordar, estaba libre antes de la guerra).
Con tantos y tan diferentes objetivos, la victoria es difícil. En general, para el fuerte rige una máxima: “mientras no logre ganar, pierde”. Por eso, Estados Unidos necesita una guerra corta en la que pueda cantar victoria rápido.
Israel, en cambio, definió su objetivo con claridad desde el principio: decapitar al régimen iraní. Sin embargo, ahora se encuentra con la resiliencia de un régimen que reemplaza a sus líderes asesinados con gran rapidez por otros aun más extremistas. Se parece al mito griego de la Hidra de Lerma, el monstruo con cabezas de serpiente que volvían a crecer duplicadas cada vez que Hércules cortaba una.
Para Irán, y sobre todo para su régimen revolucionario, el objetivo clave es sobrevivir. Cuanto más tiempo sobreviva, más daño —grande o chico— está en condiciones de infligir. Para Irán rige la máxima opuesta a la de Estados Unidos: “mientras logre no perder, el débil gana”.
La estrategia del débil
La segunda asimetría se refiere a las capacidades militares de cada actor, que los llevaron a usar estrategias muy diferentes en esta guerra. Militarmente, se esperaba que Irán perdiera tan rápido como creíamos que Rusia iba a entrar en Kiev. Ni Rusia tomó todavía la capital ucraniana, ni Irán perdió todavía la guerra.
En cambio, Irán sobrevive usando la estrategia de los débiles: regionalizar el conflicto y hacer ataques puntuales a sus vecinos, aliados al enemigo. Los países del Golfo, que aceptaron bases americanas en sus territorios para estar más protegidos, se encuentran ahora con que también sus aeropuertos e infraestructura son blancos de ataques iraníes.
Además, Irán descubrió que tiene un superpoder: dominar el estrecho de Ormuz, desde donde, de manera bastante económica, tiene de rehén al comercio internacional y al precio del petróleo.
Incluso, Irán aprovecha para cobrar peajes millonarios a quienes autoriza a cruzar el estrecho y así sigue financiando la guerra. Hasta logró que Estados Unidos relaje temporariamente las sanciones contra su petróleo, lo que le permite a Irán proveerle no solo a China sino también a la India.
Hay más. Sus aliados hutíes en Yemen podrían cortar la salida de barcos desde el Mar Rojo por el estrecho de Bab Al-Mandab y dejar a los barcos petroleros sauditas sin salida marítima. Esto ya ocurrió entre el 2023 y 2025, pero ahora las reservas mundiales de petróleo son mucho más bajas que entonces, y el daño a la economía internacional sería inmenso.
Mientras que no pierda, Irán gana.
La guerra existencial
La tercera asimetría entre los adversarios es su umbral de tolerancia al dolor. Cuando lo que está en juego es la supervivencia, todo lo demás es tolerable.
El régimen revolucionario lucha por su continuidad, y ahora queda clarísimo que estaba mucho mejor preparado para reemplazar líderes de lo que Estados Unidos suponía. Pero además, con alrededor de un 40% de minorías no persas entre sus 80-90 millones de habitantes, también la integridad territorial de Irán está en riesgo si cae el régimen. Por eso el umbral iraní de tolerancia al dolor es altísimo.
También es alto el umbral de tolerancia del Estado de Israel, que conoce desde hace décadas la intención declarada de Irán de “borrarlo del mapa”.
En comparación, Estados Unidos tolera bastante menos el dolor. El alza del precio del petróleo tiene, potencialmente, un costo alto para Trump, que en pocos meses enfrenta una elección de medio término en su país. A los votantes americanos les duele llenar el tanque con nafta cara. Más todavía les dolería ver regresar a sus soldados en las tristemente célebres bolsas negras, lo que sin dudas ocurrirá si Trump envía tropas al terreno.
Estas tres asimetrías explican la paradoja de la fortaleza del débil. Hay, finalmente, una simetría, un espejo de opuestos que dificulta todavía más el acercamiento: la incompatibilidad en las condiciones que cada parte pone para sentarse a negociar un alto el fuego. Tienen que ver con el derecho de Irán a enriquecer uranio, los ataques sobre aliados de cada parte, la apertura de Ormuz, y garantías de que no habrá próximas guerras.
Frente a este escenario pesimista, hubo un pequeño avance que vale la pena observar. Negociadores de las Naciones Unidas, tan desprestigiadas últimamente, lograron que Teherán permitiera el paso de buques de ayuda humanitaria con alimentos y productos agrícolas. Usando como modelo la Iniciativa de Granos del Mar Negro para Ucrania, este acuerdo busca evitar una crisis masiva de seguridad alimentaria en países de alta vulnerabilidad en Asia y África.
No implica el fin de la guerra, ni siquiera un alto el fuego. Todavía, si Irán no pierde, gana.
La autora es directora de la Maestría en Política y Economía Internacionales de la Universidad de San Andrés
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