Trump dice que “van a cerrar” el Helicoide y se burla de Maduro, pero deja dudas sobre los pasos a seguir en Venezuela
El presidente combinó anuncios y sarcasmos en un discurso ante legisladores republicanos, sin ofrecer detalles concretos sobre cómo avanzará el plan estadounidense en el país sudamericano
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NUEVA YORK.– El presidente norteamericano, Donald Trump, lanzó una serie de definiciones políticas, militares y personales durante un encuentro con legisladores republicanos en el Kennedy Center de Washington. En ese marco, combinó anuncios de alto impacto con comentarios irónicos, entre ellos burlas a Nicolás Maduro, aunque ofreció pocos detalles concretos sobre cómo piensa llevar a la práctica su afirmación de que Estados Unidos pasará a “gobernar” Venezuela tras la destitución del exlíder chavista.
En tono sarcástico, Trump aludió a las recientes apariciones públicas de Maduro previas a su captura. “Se sube ahí y trata de imitar mi baile”, dijo ante los diputados republicanos. A continuación, sostuvo que “están cerrando” El Helicoide, la prisión emblemática del aparato represivo venezolano, donde han sido detenidos numerosos presos políticos, sin precisar quién impulsa la medida ni bajo qué marco institucional.
“Tienen una cámara de tortura en pleno centro de Caracas que están cerrando”, agregó el mandatario, sin ofrecer más detalles sobre los plazos o el alcance efectivo de esa decisión.

Originalmente construido como un gran centro comercial y de exposiciones –con una estructura espiralada de la que proviene su nombre– , con los años el edificio conocido como El Helicoide pasó a funcionar como la sede del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), el principal organismo de inteligencia de Venezuela, y como centro de detención para presos políticos y opositores al gobierno. Diversas organizaciones internacionales, como la Organización de los Estados Americanos (OEA), Human Rights Watch y Amnistía Internacional, han denunciado detenciones arbitrarias, torturas y otras vejaciones en la prisión.
Maduro aparecía con frecuencia en actos públicos bailando al ritmo de su lema “No War, Yes Peace” (“No a la guerra, sí a la paz”), mientras las fuerzas estadounidenses expandían su despliegue en el Caribe, una puesta en escena percibida como provocadora que, según The New York Times, generó malestar en la Casa Blanca.
Por otro lado, Trump utilizó su discurso para rechazar las críticas de los demócratas contra la captura de Maduro, señalando que su predecesor demócrata Joe Biden también había pedido el arresto del líder venezolano por cargos de narcotráfico.
“En algún momento, deberían decir: ‘Sabes, hiciste un gran trabajo. Gracias. Felicitaciones’. ¿No sería bueno?”, declaró Trump. “Yo diría eso a ellos si hicieran un buen trabajo, a pesar de que nuestras filosofías son tan diferentes. Pero si hicieran un buen trabajo, estaría feliz por el país. Han estado detrás de este tipo durante años, años y años”, agregó el magnate y reiteró que había un acuerdo bipartidista de que Maduro no era el presidente legítimo de Venezuela.

En otro pasaje de su discurso, en el que el mandatario norteamericano aprovechó para celebrar su gestión económica y el éxito de su política tarifaria, Trump imitó al presidente francés, Emmanuel Macron, teatralizando una discusión entre los líderes.
“Donald, tenemos un trato. Me gustaría aumentar los precios de mis medicamentos recetados en un 200% o lo que sea. Lo que vos quieras, Donald, por favor no se lo digas a la población, te lo ruego”, dijo Trump imitando el acento francés del mandatario europeo.
Versiones contrapuestas
Las declaraciones previas —en apariencia contradictorias— del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio dejaron entrever una estrategia ambigua: por un lado, sugieren que Estados Unidos controla ahora las palancas centrales del poder en Venezuela; por otro, que no tiene intención de asumir la administración cotidiana del país, al menos en esta etapa, permitiendo que funcionarios subordinados a Maduro continúen provisionalmente en puestos de liderazgo.
Esa ambigüedad volvió a quedar expuesta el lunes, cuando Trump afirmó en una entrevista con NBC News que Estados Unidos “no está en guerra” con Caracas, aunque al mismo tiempo deslizó que Washington podría involucrarse en el país sudamericano durante un período prolongado.
En ese contexto, el mandatario detalló que un equipo de altos funcionarios se encargaría de supervisar esa participación. Mencionó al propio Rubio, al secretario de Defensa Pete Hegseth y a Stephen Miller, uno de sus principales asesores, y agregó que el vicepresidente JD Vance también tendría un rol en el esquema, sin precisar aún el alcance ni las atribuciones de cada uno.
No obstante, cuando NBC News le preguntó directamente quién sería la “máxima autoridad” a cargo del proceso, Trump fue tajante: “Yo”.
Poco después, Miller explicó a los periodistas que el presidente le encomendó al secretario de Estado encabezar la implementación de reformas económicas y políticas en Venezuela. Según Miller, Washington considera que cuenta con una cooperación “plena, completa y total” del gobierno de Caracas, una afirmación que contrastó con la falta de definiciones públicas sobre el alcance real de ese entendimiento.
En paralelo, Trump descartó la posibilidad de elecciones en el corto plazo. Consultado sobre un eventual llamado a las urnas en el próximo mes, respondió: “Primero tenemos que arreglar el país. No hay manera de que la gente siquiera pueda votar”, afirmó.
Rubio, por su parte, sostuvo que Estados Unidos utilizará el régimen de sanciones vigente, en particular sobre el sector petrolero venezolano y las bandas criminales, como principal herramienta de presión para influir sobre los eventuales sucesores de Maduro.
Sin embargo, una sesión informativa a última hora del lunes, encabezada por Rubio y otros altos funcionarios ante un grupo de legisladores, no logró disipar las dudas sobre los próximos pasos de la administración estadounidense en Venezuela, ni sobre la duración y los límites de su involucramiento en el país sudamericano.
La falta de claridad ha alimentado crecientes preocupaciones entre los legisladores, especialmente entre los demócratas, de que Trump esté iniciando una nueva era de expansionismo estadounidense sin consultar al Congreso ni contar con una visión clara sobre como gobernar Venezuela.
El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, dijo a los periodistas después de la sesión informativa que no espera que Estados Unidos despliegue tropas en territorio venezolano y que las acciones allí no son una operación de “cambio de régimen”. Los líderes demócratas dijeron que la sesión no ofreció ninguna claridad sobre los planes para Venezuela.
La incertidumbre sobre los pasos definitivos en Venezuela contrasta con los años de discusiones y planificación que precedieron a intervenciones militares anteriores como en Irak en 2003, que a menudo no llevaron a los resultados esperados.
Agencias ANSA y AP
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