Rating: Tinelli y Del Moro apuestan a la emoción por sobre la competencia y las ficciones hacen su propio juego

Showmatch apostó a las historias de vida de los concursantes de "Genios de la Argentina"
Showmatch apostó a las historias de vida de los concursantes de "Genios de la Argentina"
Marcelo Stiletano
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6 de mayo de 2019  • 00:37

Las cartas ya están echadas y puestas sobre la mesa. Comenzó en la TV abierta un juego que promete ser muy largo. Con el regreso de Marcelo Tinelli y la primera semana ya cumplida del ciclo 2019 de ShowMatch , los canales de aire terminaron de definir el modo en que competirán por el rating en los próximos tiempos. Y ya aparecen los primeros indicios de una competencia diaria en la que seguramente prevalecerá quien tenga más constancia y esté dispuesto a sostener su idea sin volantazos ni cambios abruptos. Todo indica que la carrera por el rating, sobre todo en el horario central, estará marcada por la decisión de cada protagonista (figura o programa) de explorar al máximo sus recursos sin dejar de mostrar en todo momento cuál es la idea desde la cual se parte.

En la semana que acaba de terminar, seguramente la más trascendente para la TV abierta en lo que va del año, la vuelta de ShowMatch estuvo en el centro de todas las observaciones. Tinelli se tomó todo el tiempo del lunes 29, el día de su reaparición, para vivir a su manera el jubileo de sus 30 años consecutivos de éxito en la pantalla. Es la celebración más significativa del medio en muchísimo tiempo, trascendente por la continuidad sin pérdida de audiencia y el poder que ejerce su conductor y creador en todo el entorno televisivo local, seguramente mayor al de cualquier otra figura. Estas inusuales características justificaban la idea de una celebración extendida en el tiempo, pero por lo visto Tinelli y su equipo creativo prefirieron acotarla a la emisión inaugural y agotarla allí.

Las razones quedaron a la vista en las tres emisiones siguientes. Tanto el "Superbailando" como "Genios de la Argentina" son segmentos que reclaman dedicación a tiempo completo. A los requisitos de producción de cada uno de ellos se suma la tendencia natural de Tinelli de extender algunas de las secuencias o momentos que él considera a partir de su intuición casi infalible que merecen desarrollarse todavía más. A todo esto se suma el hecho incontrastable de que ambos dejan abiertos sus respectivos funcionamientos a la aparición de nuevas capas sobre las bases y elementos originales que van dilatando cada vez más todo lo que queda expuesto al aire.

Ya lo advirtió el propio Tinelli en la noche del viernes, después del debut en el jurado de "Genios de la Argentina" de su propia pareja, Guillermina Valdés. "A mí me encantaría que lleguen todos, pero no podemos tener una final en el mes de diciembre con 2400 participantes", advirtió el conductor, que en la jornada de comienzo del segmento avaló un cambio sobre la marcha en las reglas (algo habitual, dicho sea de paso, en ShowMatch) y dejó que fueran seis, y no cuatro, los primeros finalistas de este nuevo concurso de talentos.

"Genios de la Argentina" no es otra cosa que la enésima variante de una competencia que ya tuvo entre nosotros un modelo televisivo definido hace unos años llamado Talento argentino, expresión local de un formato internacional muy exitoso. Lo que potencia el gusto de los productores televisivos locales por esta fórmula es el costado sentimental y emocional. Los anónimos competidores suelen llegar al escenario con historias de vida que casi siempre ofrecen algún matiz genuinamente conmovedor, pero que la televisión se encarga innecesariamente de amplificar.

La emoción de Bautista, el niño de 9 años que pasó a la final de "Genios de la Argentina" - Fuente: eltrece

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No hay nada como la persistente reiteración de esta fórmula, exagerada todavía más con la ayuda de herramientas como una musicalización edulcorada al máximo, para provocar un cansancio prematuro. Algunos de los primeros participantes ( un resuelto chico de nueve años, una mujer que soñó toda la vida con cantar junto a Valeria Lynch, un contratenor tucumano que padeció bullying por esa condición que lo lleva a cantar en tonos muy agudos) son ejemplos de una tendencia ya muy trajinada, pero que todavía funciona y consigue el refuerzo de las devoluciones de los jurados, otro ritual que se hizo rutinario en estos casos.

De todas maneras, Tinelli cuenta con un antídoto para morigerar esta recurrencia. Tiene toda la razón cuando dice que este ShowMatch es el más federal de la historia. Con un apreciable despliegue de producción e impecable salida al aire puso en marcha en persona desde Santiago del Estero este nuevo segmento, que promete dos salidas semanales en distintos lugares del país. En su primer destino, el conductor también aprovechó para encontrarse con las autoridades locales (en este caso el gobernador santiagueño Gerardo Zamora) y esas charlas lo ayudarán seguramente a mantener viva ante el público la conexión con la política que Tinelli imagina para su futuro. Aunque este factor no haya aparecido hasta ahora (y seguramente no lo hará) dentro de su programa.

ShowMatch 2019: entre chicanas, Marcelo Tinelli presentó al nuevo BAR - Fuente: eltrece

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El otro elemento que estimula deliberadamente el estiramiento de las rutinas de ShowMatch es la incorporación del único elemento novedoso que tiene el "Bailando" respecto de las temporadas anteriores. Es el "BAR", sigla que en lenguaje tinelliano equivale al "VAR" utilizado en el fútbol profesional como instancia de revisión de acciones decisivas para el juego que despiertan dudas. En el caso de la competencia danzante de El Trece, esa suerte de apelación al veredicto del jurado lo único que hace es duplicar esa instancia. En los hechos, ShowMatch y el "Bailando" cuentan por primera vez con dos jurados paralelos. Lo que al mismo tiempo duplica las discusiones, las controversias y los potenciales escándalos, porque sus integrantes fueron deliberadamente elegidos imaginando esas posibilidades. Cada uno de ellos lo dejó en claro en temporadas previas.

¿Quién quiere ser millonario?, con Santiago del Moro
¿Quién quiere ser millonario?, con Santiago del Moro

Enfrente, desde la pantalla de Telefe, en ¿Quién quiere ser millonario? también se estimula la cuerda emocional. Tanto ShowMatch como la nueva versión doméstica del exitoso programa de preguntas y respuestas tienen extraordinarios equipos de casting, una disciplina que a esta altura pide a gritos ser incluida como rubro en los próximos reconocimientos a la labor televisiva. En este sentido, Santiago del Moro parece aleccionado cada vez más por su producción para explorar el costado más sentimental de sus participantes, que dedican más tiempo a hablar de sus cuitas afectivas que a dar respuestas al cuestionario por una recompensa en dinero. A los participantes se sumaron en los últimos días un hombre de 90 años y otro que vive en la calle después de haber disfrutado del éxito económico.

En otros países, ¿Quién quiere ser millonario? mantiene en vilo a la audiencia por la cercanía de sus participantes con las instancias decisivas del juego, que lo acercan al premio mayor. En la inmensa mayoría de sus versiones internacionales este ciclo tiene una sola emisión semanal, que acota el desfile de competidores y coloca para cada uno de ellos una vara muy alta de exigencias. Aquí, en cambio, Telefe optó por programarlo de lunes a viernes y con una duración cada vez más extendida. Casi todos los competidores abandonan el juego una vez que se aseguran alguna cifra razonable y la renovación es permanente. Como en las etapas iniciales las respuestas no ofrecen complicaciones, el interés se vuelca a las historias de vida y a la capacidad de Del Moro para explorar ese costado que suele cada vez más inclinarse hacia la sensiblería. De todos modos, esta semana ¿Quién quiere ser millonario? consiguió sus marcas de audiencia más altas, como para que Telefe no piense en modificar este temperamento, sino en reforzarlo.

La competencia directa que tiene este programa es Otra noche familiar, expresión bastante más vulgar y mucho menos ilustrada del modelo de programas de preguntas y respuestas que convoca al público a seguirlo desde el hogar. El modelo de entretenimientos que gira alrededor de la figura de Guido Kaczka no deja jamás de rendirle a El Trece en términos de rating y de hecho tiene ahora su bonus track en el fin de semana, pero no deja ninguna enseñanza en términos de aprendizaje y conocimiento. El suspenso provocado por la perspectiva de que un competidor sufra una caída al agua si su compañero responde de manera equivocada puede causar una mínima gracia al principio, pero de tanto reiterarse se transforma en un sufrimiento para el competidor y en una molestia para quien está viendo.

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Todo este panorama se completa con un puñado de ficciones, cuyos horarios se van ajustando a diario de acuerdo a las necesidades de cada canal y de las estrategias para ganar rating. En eltrece, Argentina, tierra de amor y venganza ya superó los treinta episodios y por estas horas muestra la intención de potenciar dos de sus perfiles argumentales más claros: de un lado el romance entre los personajes interpretados por Gonzalo Heredia y Eugenia Suárez y, del otro, la exhibición recargada de villanía por parte de Benjamín Vicuña y, cada vez más, Fernán Mirás . La estrategia por ahora parece rendir.

Del lado de Telefe, con la suerte ya echada para Campanas en la noche, que transita su tramo final confinada en un horario marginal y rodeada de un interés menor al que esta novela se merecía, también aparece como una frustración lo que ocurre con la gran novela turca Mi vida eres tú, ciclo del que la emisora seguramente esperaba mucho más. No es que haya mermado en el rating lo suficiente como para forzar su salida del aire, pero queda claro por las publicidades institucionales y por el modo en que el canal empujó su salida al aire hacia un horario cada vez más alejado del prime time que la fuerte apuesta inicial acusó una sensible merma. Todo está a la vista: sabemos más o menos cuándo empieza ¿Quién quiere ser millonario? después del interminable noticiero vespertino de Telefé. Pero no tenemos jamás certeza de la hora en que finalizará cada emisión. Lo único que queda claro con el ciclo de entretenimientos es que fuerza cada vez para más tarde el comienzo de los episodios de la novela de origen turco.

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