La política de exterior de Donald Trump: resucitar el imperialismo
Como en siglos pasados, el magnate republicano aspira a quedarse con territorios y recursos de otros países
8 minutos de lectura'
WASHINGTON.– La política exterior del presidente Donald Trump varía mucho en función de cada país, pero mantiene un rasgo invariable: es una política agresiva que descansa en el uso de la fuerza.
Trump capturó al líder de Venezuela, y al mismo tiempo se apropió del petróleo del país y atacó embarcaciones civiles cercanas. Empujó a Cuba a una crisis humanitaria con un bloqueo y asegura tener derecho a controlar Canadá y Groenlandia. Además, en Medio Oriente concentró la mayor fuerza militar norteamericana desde la invasión a Irak de 2003, y tras los ataques de junio pasado contra Irán amenazó con una nueva guerra contra el régimen de los ayatollahs.
Trump dice que su política exterior es la de “Estados Unidos primero”, un enfoque declarado en lo que a su entender son los intereses norteamericanos. Pero no se trata de una política aislacionista ni de retirarse del mundo, como argumentan algunos analistas. Tampoco es una política que apunte a crear “esferas de influencia”, donde la Casa Blanca se contentaría con dominar únicamente el hemisferio occidental y dejar otras regiones en manos de potencias rivales.
Desde cierta perspectiva, esa política apunta a resucitar la misión imperialista —la adquisición de los territorios y recursos de pueblos soberanos— que impulsó a las potencias europeas y a otras naciones bien armadas hasta el siglo XX. Y también es una vindicación, y hasta una celebración, de la historia del imperialismo occidental.
En su discurso inaugural del año pasado, Trump elogió al presidente William McKinley, que transformó a Estados Unidos en un imperio de ultramar durante la Guerra Hispano-Estadounidense al quedarse con las Filipinas, Guam y Puerto Rico.

Quien mejor articuló la forma de predominio norteamericano que imagina Trump fue el secretario de Estado, Marco Rubio, en su discurso de este mes en la Conferencia de Seguridad de Múnich.
“Hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, Occidente se expandió durante cinco siglos: misioneros, peregrinos, soldados y exploradores que zarpaban de sus costas y cruzaban océanos para colonizar nuevos continentes y construir vastos imperios que se extendían por todo el mundo”, dijo Rubio ante un auditorio principalmente compuesto por funcionarios europeos. Y después de 1945, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y Europa quedó en ruinas, “Occidente empezó a contraerse” señaló Rubio.
Rubio condenó a los movimientos independentistas anticoloniales, vinculándolos con la ideología comunista y culpándolos de erosionar el poderío de Occidente: “Los grandes imperios occidentales habían ingresado en una fase de decadencia terminal, acelerada por revoluciones comunistas ateas y levantamientos anticoloniales que transformarían el mundo y extenderían la hoz y el martillo rojos por vastas franjas del mapa”.
A continuación agregó que el gobierno de Trump no quería aliados “atados por la culpa y la vergüenza”, las mismas palabras que utiliza el partido alemán de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD).
“Queremos aliados que se sientan orgullosos de su cultura y de su herencia, que entiendan que somos herederos de la misma gran y noble civilización, y que estén dispuestos y sean capaces de defenderla junto a nosotros”, agregó Rubio.

Más adelante en el discurso, advirtió sobre el “borramiento civilizatorio”.
Su discurso recibió una ovación de pie, porque si bien desbordó de feroces críticas a las naciones europeas, evocó la historia compartida de Estados Unidos y Europa. Para algunos historiadores y conservadores norteamericanos, su discurso también resume las ideas sobre el liberalismo y la decadencia de Occidente expresadas décadas antes por los escritores de derecha James Burnham y Pat Buchanan.
Como Trump sigue impulsando acciones belicosas —amenaza casi a diario con una guerra con Irán y el fin de semana pasado volvió a hablar de Groenlandia—, algunos analistas interpretaron el discurso de Rubio como una señal de lo que se viene.
“Rubio reflejó con precisión la postura actual de Trump en materia de política exterior”, apunta Stephen Wertheim, historiador del Fondo Carnegie para la Paz Internacional. “A pesar del temor generalizado a que repliegue a Estados Unidos del mundo, Trump está trabajando para revitalizar el dominio militar norteamericano en todos los ámbitos. Es un globalismo de ‘Estados Unidos primero’. Lejos de abandonar las alianzas, Trump las utiliza como plataformas para coaccionar”.

La celebración del imperialismo sería natural en la Europa de principios del siglo XX, “pero no tiene lugar en un mundo que se ha descolonizado y democratizado”, dice Wertheim.
Nader Hashemi, experto en política de Medio Oriente de la Universidad de Georgetown, dice que el impulso de las políticas imperialistas de Trump y Rubio “tendrá enormes consecuencias para las relaciones internacionales, especialmente en el Sur Global, donde la mayoría de los Estados-nación forjaron su identidad política en la lucha de descolonización contra el imperialismo occidental”.
“En el mundo árabe-islámico, las fuerzas extremistas explotarán este panorama para reclutar nuevos adeptos”, agrega Hashemi. Y también podrían beneficiarse Rusia y China, tras décadas de intentar sumar a otros países a su bando con críticas a lo que califican como “imperialismo norteamericano”.
Al referirse a su país, Rubio se deshizo en elogios hacia los colonos norteamericanos y europeos que se deslomaron juntos para ganar territorio: “Granjeros y artesanos alemanes que transformaron las llanuras vacías del Medio Oeste en una potencia agrícola mundial”, y “comerciantes de pieles y exploradores franceses cuyos nombres, por cierto, aún adornan las señales de tránsito y los nombres de los pueblos de todo el valle del Misisipi”. Rubio, hijo de inmigrantes cubanos, también elogió a sus antepasados de Italia y España.
Las “llanuras vacías”, por supuesto, son un mito: allí vivieron durante miles de años los nativos americanos antes de ser asesinados y subyugados por los colonos. Rubio no mencionó ni una sola vez a los millones de personas asesinadas, torturadas y encarceladas en las guerras libradas en todo el mundo en nombre del imperio.
Tampoco hizo referencia a la institución imperialista de la esclavitud ni al papel de los africanos esclavizados en la construcción de Estados Unidos, desde la época colonial hasta la Guerra de Secesión. También evitó mencionar la herencia viva del colonialismo en Occidente, como los incontables descendientes de esclavos e inmigrantes provenientes de excolonias que forjaron sus países de destino.
Algunos historiadores señalan que Rubio tal vez sea el único funcionario norteamericano de alto rango de las últimas décadas en celebrar el imperialismo de forma tan explícita.
Constanze Stelzenmüller, directora del Centro sobre Estados Unidos y Europa de la Brookings Institution, señala que esa oda de Rubio al imperialismo en la conferencia de Múnich dejó especialmente pasmados a los funcionarios y analistas provenientes de antiguas naciones colonizadas. “Les parecía algo inaudito”, dice Stelzenmüller, pero agrega que al mismo tiempo algunos funcionarios adoptaron la actitud de: “Bueno, Estados Unidos está volviendo a ser como antes, y ahora al menos lo reconocen”.
La celebración del imperialismo, señala Stelzenmüller, no ha sido un punto central discurso de la ultraderecha europea, a la que suelen apelar los principales asesores de Trump, y por lo tanto resulta desconcertante que Rubio usara esas palabras. El objetivo tal vez haya sido naturalizar la idea del imparable poderío y expansión de Estados Unidos, incluso sobre Groenlandia, dice la investigadora.
“Creo que esa retórica puede ser parte de un intento más amplio de condicionar a los europeos para que acepten la idea de que son incapaces de resistir cualquier plan expansionista que pueda tener la Casa Blanca”, plantea Stelzenmüller.
Michael Kimmage, director del Instituto Kennan, un centro de investigaciones sobre Eurasia, dice que Rubio está adoptando una contra-tradición de política exterior que surgió en la derecha norteamericana durante las décadas de 1950 y 1960.
Estas ideas fueron expresadas con mayor claridad por el National Review y uno de sus columnistas, James Burnham, autor del libro El suicidio de Occidente, (2018), una crítica al progresismo moderno y un “lamento por la pérdida del imperio”, en palabras de Kimmage.

La evocación de Rubio de un Occidente “en contracción” coincide con el panorama descrito por Burnham.
“Apuntó contra la inmigración y la pérdida de confianza civilizatoria en sí misma como los problemas centrales del Occidente post-imperial”, señala Kimmage. “Queda claro que Rubio está refritando ideas que no son nuevas. Lo novedoso es que ahora se promueven desde el Departamento de Estado y la Casa Blanca como no se hacía desde hace siete décadas”.
Andrew Day, columnista de The American Conservative, que brega por el no intervencionismo, dice que la intención de Rubio no es respaldar el imperialismo, sino recalcar que la política del gobierno de Trump es fomentar el orgullo por la civilización occidental, un proyecto admirable en sus objetivos, pero en su opinión mal llevado a la práctica.
“Sinceramente, dudo que Rubio estuviera proponiendo un retorno al imperialismo y al colonialismo”, dice Day. “Más bien creo que quiso señalar cierto malestar cultural y falta de confianza en sí mismos que padecen los occidentales”.
Sin embargo, Day señala que los conservadores moderados siguen siendo escépticos con Rubio, a quien consideran un defensor radicalizado de la hegemonía global norteamericana. De hecho, recientemente el secretario de Estado ha impulsado medidas contra Irán, Cuba y Venezuela.
Ese grupo de conservadores moderados también desconfía de Europa, dice Day, “y cree que el marco ‘civilizatorio occidental’ de la Casa Blanca es grandilocuente e internacionalista, y por lo tanto, incompatible con una política nítidamente enfocada en los intereses nacionales de Estados Unidos”.
Traducción de Jaime Arrambide
Otras noticias de Estados Unidos
“Locos de izquierda”. Trump lanza su furia contra una compañía de IA y ordena a su gobierno dejar de usarla tras un conflicto
Sus acciones crecieron 27%. Una empresa despidió a 4000 personas por la IA y hay sorpresa
El desgarrador mensaje de su familia. Repatriaron el cuerpo de Narela Barreto, la joven argentina hallada muerta en Los Ángeles
1Expectativa en EE.UU.: los Clinton testifican ante un comité del Congreso por el caso Epstein
2J.B. Pritzker vuelve a insistir: la ley que busca eliminar el uso de celulares en las escuelas de Illinois
3La verdad sobre el cheque de US$2000: qué pasará con el dinero de los aranceles tras el fallo de la Corte Suprema
4El mapa interactivo para saber qué zonas de EE.UU. son antiinmigrantes y ayudan al ICE en febrero y marzo 2026





