Un populismo asustado

Carlos Pagni
Carlos Pagni LA NACION

Carlos Pagni, en LN+

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1 de diciembre de 2020  • 05:22

Escuchá la columna en formato podcast:

A continuación, la desgrabación de sus principales conceptos:

  • Carlos Gardel murió el 24 de junio de 1935. En ese momento, la Argentina estaba envuelta en un gran escándalo y una gran pelea política, que venía desde hacía un año alrededor del pacto Roca-Runciman, que se había firmado entre el país y el Reino Unido para garantizar el comercio de carnes, que se había cerrado después de la crisis del 30'.
  • En julio de 1935, un mes después de la muerte de Gardel, ese conflicto fue más intenso porque se estableció una comisión investigadora en el Congreso. Muchos recordarán la película Asesinato en el Senado de la Nación, que se refiere al asesinato de Enzo Bordabehere para defender a Lisandro de la Torre, el gran fiscal del presidente Agustín P. Justo en este tema.
  • Justo estaba acorralado y decidió consultar a Natalio Botana, un amigo de él y una figura importantísima del periodismo de aquel momento, dueño del diario Crítica, muy vinculado al gobierno conservador. Esta historia está registrada en un libro exquisito: Tras los dientes del perro, las memorias de Elvio Botana, quien da cuenta en ellas acerca del encuentro que tuvieron Justo y su padre, en ese entonces. Natalio lo comprendió y le aconsejó repatriar los restos de Gardel para desviar la mirada de la opinión pública.

  • "Gardel era el símbolo de la alegría, de la limpieza criolla adecuado para oponerlo a la hora de descrédito y decepción que sacudía a la República. Fríamente, como sólo ellos podían hacerlo, analizaron con el presidente Justo esa poderosa imagen positiva que el mundo nos devolvía. Fue así que a ocultas, sabia y tenazmente aceleraron el culto a Gardel y desviaron la mirada de la opinión pública. El Estado puso su parte; Crítica lo suyo. Se demoró ex profeso la vuelta de sus restos durante seis meses, buscando que la apoteosis tapara lo que por razones de Estado se debía olvidar", precisó su hijo Elvio en un fragmento de sus memorias.
  • Si uno mira lo que pasó en la Argentina, la semana pasada, con la muerte de Maradona, se puede intuir algún parentesco entre aquella vuelta de Gardel y esta apoteosis de Maradona, que no salió perfecta. No es la primera vez que un Gobierno apuesta a rescatarse a sí mismo bajo este recurso.
  • Alberto Fernández estuvo involucrado en el tema desde el primer momento. Llamó al presidente del club Argentino Juniors, y le preguntó, antes de consultar con Claudia Villafañe, dónde realizar el velorio. El líder del club se mostró sorprendido de verlo tan comprometido. Finalmente, le ofrecieron a la familia de Maradona la Casa Rosada, aunque no le aclararon que para traer un millón de personas el funeral tenía que durar tres días.
  • Sin embargo, la familia de Maradona quería que el funeral terminara a las 4 de la tarde del día siguiente. Ese fue el centro del problema. Se agregó otro conflicto cuando Cristina visitó la casa de gobierno. ¿Acaso eso generó que se cerraran las puertas y que la gente empezara a presionar? Esa es otra hipótesis que se superpone a la principal.
  • Hoy, el Presidente apunta a la familia -principalmente al entorno de Claudia y sus hijas- y responde con otra pregunta: "¿Qué querían que hiciera si nos las pude convencer de extender el funeral?" Durante la celebración pública ocurrió lo que todos sabemos: un problema enorme de seguridad. Una especie de metáfora que pone de manifiesto cierta forma de manejar la administración. Fernández dio más de cinco entrevistas identificándose con la figura de Maradona y terminó con un megáfono intentando resolver el problema que se había armado en la Casa Rosada.
  • Como suele suceder en esta administración, el ministro Eduardo "Wado" de Pedro intentó colgarle este problema de seguridad a Horacio Rodríguez Larreta, un profesional de poner la otra mejilla, pidiéndole que por favor intervenga en "ese desastre".
  • Las declaraciones de Wado de Pedro contrastaban con las de la página oficial de Casa de Gobierno, donde se explicaba, cómo todo el operativo fue coordinado por el Gobierno. Por supuesto, que intervenía la policía de la Ciudad, pero, según el texto publicado, todo convergía en el gobierno nacional.
  • Pero, ¿qué es lo interesante? Que esa página minutos después de los disturbios que se desencadenaron desapareció. El mismo Gobierno la sacó y en su reemplazo figuraba una leyenda de "sitio no disponible".

  • Esta trampa es la que dejó pegado al Gobierno con lo que Wado de Pedro define como "un desastre".
  • ¿Qué es lo que hay detrás de la apropiación de Maradona? Quiero destacar un detalle. Gardel fue velado en el Luna Park. A Justo no se le ocurrió, a pesar de todo lo que estaba pasando, ofrecer la Casa de Gobierno. En cambio, el astro del fútbol fue sometido a un intento de "kirchnerización", o a una palabra que no existe, a una "albertización".
  • Es interesante el fenómeno porque es un procedimiento recurrente que tiene cierto cariz autoritario. La idea de apropiar para cierta facción lo que debería ser de todos. Esta idea consiste en convertir en propiedad de una facción lo que es de todo el país. Es decir "yo soy la patria" y todo lo bueno me corresponde.
  • Esta creencia tuvo otra manifestación en estos días, que hace juego con lo que ocurrió con Maradona. Esta situación se expone en una nota, muy documentada, que publicó el periodista Alejandro Horvat y en una columna que escribió Jorge Fernández Díaz, ambas en LA NACION. Se trata de los manuales de estudios con los que se instruye a los alumnos respecto de muchos aspectos de la vida argentina, pero principalmente acerca del pasado. Es una narración facciosa, donde se califica positivamente una serie de fenómenos que son muy discutibles y se descalifica otros que también son muy discutibles.
  • Lo perverso de esto no es solamente el hecho de que se degrada un saber, una de las ciencias sociales, como la historia, que es abierta y cuya riqueza está en fomentar el sentido crítico, en el debate, y en la capacidad de hacer las preguntas correctas; el problema principal es que se fosiliza este saber en una interpretación cerrada y facciosa.
  • El historiador español Santos Juliá -autor del libro Elogio de historia en tiempos de memoria- dice que, cuando la política se mete con el pasado, hay que prestar atención porque pretende manipular el presente. En otros términos, Raúl Alfonsín decía que el pasado era un campo para la Justicia, y que la política debía centrarse en el presente o el futuro.
  • Hay una asociación permanente y una propensión autoritaria del kirchnerismo de apropiarse del pasado e imponerlo en los sistemas de educación de una determinada manera para manipular el presente. Obviamente, el afán no es historiográfico, sino dominar políticamente la escena por el rodeo sobre el pasado.
  • Apropiarse de la imagen de Maradona y apropiarse del pasado son modos de incrementar la polarización. Es lo mismo, si uno mira de cerca.
  • Es muy probable que esto sea una inclinación constante de determinados regímenes políticos. En general, los populismos tienen esta tendencia. De hecho, esto se puede observar con toda la manipulación de la imagen de Bolívar en la Venezuela de Hugo Chávez, o la exaltación del imperio romano, bastante más ridícula, por parte de Mussolini en la Italia de los años '20 y '30.
  • Con este ardid también se pretende teñir de épica a un presente bastante gris: un problema central que enfrenta el kirchnerismo. Esta es una etapa muy incómoda para el grupo porque se transformó en un populismo ajustador, que es un oxímoron por la contradicción de los conceptos. Es un populismo asustado. Se convirtió en ajustador después de un susto.

  • ¿Cuál fue el susto? Ver llegar el dólar casi a los 200 pesos. Ahí fue que Cristina Kirchner escribió su carta, lo que demuestra que está muy atenta a los detalles de la cotidianeidad, y quiso despegarse del conflicto, dando el siguiente mensaje: quien gobierna es Alberto. Y, si él dice que las cosas que hace es porque yo se lo indico, no le crean. Se hace el títere, pero no es títere.
  • Esa llegada del dólar libre a casi 200 pesos produjo un cambio de discurso, sobre todo en el Ministerio de Economía, en Martín Guzmán. Hasta ese momento la narrativa y la política sobre el problema cambiario las llevaba adelante Miguel Pesce desde el Banco Central. Su estrategia era limitar el acceso a los dólares suponiendo que el problema de fondo era la falta de dólares.
  • Guzmán cambió el enfoque y migró a uno mucho más científico y, en cierta forma, más inteligente. Consideró que la cuestión no es la falta de dólares sino el exceso de pesos. ¿Por qué sobran? Porque se emite mucho, debido a que la emisión es el único recurso para financiar el enorme déficit fiscal.
  • El ministro posiblemente quiera que la gente huya menos del peso, pero para eso sabe que debe emitir menos, de tal manera de revalorizar la moneda. En ese sentido, busca achicar el déficit con un ajuste. Estamos frente a un Gobierno que ajusta en serio. Y probablemente para tapar este ajuste se necesiten varios velorios de Maradona. Bien hechos, no como el que se hizo. No alcanza con uno.
  • Hay un ajuste fiscal y uno monetario en un momento sumamente inconveniente: en medio de un colapso productivo. Todos los países del mundo están pensando cómo expandir la base monetaria y cómo gastar más para compensar el brutal colapso que sufrió la economía privada. Pero la Argentina no se puede dar ese gusto. Esto no es culpa de Fernández o de Guzmán, sino que es una larga historia que viene de atrás. Tuvo que ver el gobierno anterior y también lo que heredó el gobierno anterior.
  • Lo cierto es que el Presidente y Guzmán deben vérsela con una situación de la que nadie sabe cómo se sale. ¿Cómo se hace para ordenar la política monetaria y la fiscal en un momento en el que la economía se derrumbó? Lo están haciendo: aún no está la vacuna y ya no hay más Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) ni Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP).
  • Este martes, el mandatario almorzará con la conducción de la CGT, con la que hablará, entre otras cosas, de la eliminación de estos dos planes sociales. Le plantearán la necesidad de conservar estas compensaciones como alivios en la recesión. Ven que, si no, habrá una caída en las empresas y una gran destrucción de capital. El Presidente tendrá que decirles que el ajuste es necesario para que la sociedad deje de huir del peso, salga a comprar dólares y haga que las reservas continúen bajando de manera dramática.

  • En este contexto, además, las jubilaciones se están licuando. Es decir que a los jubilados les recortarán los ingresos en términos reales: les darán menos dinero que el que correspondería según la inflación. De hecho, ya hay una nueva fórmula de actualización de las jubilaciones que cambia. No contempla la inflación como criterio de actualización.
  • Hay también un 5% de auxilio a los jubilados en diciembre de este año que contrasta con un trimestre donde la inflación rondará el 10%. Y nos enteramos, por el proyecto de ley que enviaron al Congreso, de una trampita: en marzo les descontarán este 5% que recibirán en diciembre. Porque el incremento es a cuenta del ajuste de marzo. Esto no estaba en el decreto de aumento. Apareció, escondido, en el proyecto de ley sobre la fórmula de actualización. Un ardid que remite a lo que ocurrió con la polémica de quién era el encargado de la seguridad en el velorio de Maradona.
  • La jubilación mínima tendrá un incremento de, aproximadamente, el 35,3% en un año en el que la inflación, según todos los cálculos, será del 37%, lo cual significa que habrá un recorte sobre estos haberes. Esto con independencia de un tema que hablamos varias veces, pero al que se refirió con mucho detalle Bernardo Saravia Frías la semana pasada, que es la liquidación del patrimonio de la Anses. Es decir, de los activos que tiene el Fondo de Garantías de Sustentabilidad de la Anses se liquida para distintos fines, entre otros, frenar el contado con liquidación entregando a precio de remate bonos que son "de los abuelos".
  • Solo hay un signo de interrogación sobre todo este programa de ajuste, que es quién le pone el cascabel al gato. Me refiero al gran problema contra el que chocan todos los ajustes, con razón: el aumento de tarifas. Macri hizo mil ajustes, sobre todo a partir de la corrida cambiaria en 2018. Ahora, si uno va a las encuestas a mirar por qué la gente cree que Macri era un ajustador, ¿qué le reprochan? El aumento de tarifas. ¿Qué le dicen sus aliados, desde Elisa Carrió a los radicales de Alfredo Cornejo?: "Aumentaste las tarifas y mataste a nuestro votante".
  • Si uno mira América Latina, desde Brasil en la época de Dilma Rousseff, hasta los levantamientos contra Sebastián Piñera en Chile, todos tienen que ver con un aumento de tarifas. De luz, de gas o de colectivo. Lo mismo pasó en Ecuador. Es decir, es un cable de altísima tensión. Habrá que ver si Fernández, que anuncia que lo va a tocar, se anima a tocarlo. Subir las tarifas quiere decir bajar los subsidios que se corresponden con el atraso tarifario. Es un tema fiscal, no de política energética centralmente, que también lo es, pero el enfoque es cómo hacer para subsidiar menos la energía, que es uno de los grandes rubros por los que se produce el agujero fiscal.
  • Las reservas caen menos. Hay que subrayar esto. No es que no caen, pero probablemente estén cayendo a la mitad de lo que caían cuando el dólar estaba por tocar los 200 pesos, antes de que girara el argumento de Guzmán. El otro dato es que la imagen de Fernández cae como las reservas, pero también cae menos. Y en algunas encuestas hasta tiene un pequeño repunte. ¿Tiene que ver con la mayor calma económica, sobre todo cambiaria, con el menor estrés que se da en ese campo? O se relaciona con algo que le dicen algunos amigos de su intimidad en la Casa Rosada: "No, Alberto. En realidad te estás recuperando porque Cristina no te habla. Y en la medida en que una parte de la sociedad, que es la que adhería a vos y después se retiró, te ve peleado con Cristina, vos te recuperás".
  • Hay algo de suerte en todo esto también. Hay que prestar atención a estos datos, porque están cambiando el paisaje que teníamos hace dos meses. China se está recuperando mucho más rápido de lo que se suponía. Esa recuperación no solamente tira para arriba el precio de todas las materias primas que consume en gran dimensión China, sino que además están reponiendo aceleradamente el stock porcino, de cerdos alimentados con soja. Bueno, hoy lo que estamos viendo es que los precios de maíz, del trigo, y eminentemente de la soja se están recuperando. Y los cálculos más moderados, más equilibrados, dicen que la Argentina podría tener unos 5000 millones de dólares adicionales el año que viene por exportaciones, gracias a esta recuperación de las materias primas. Que está ligada, también, dicen los economistas, a la tasa de interés muy baja, igual a cero, que ofrece la Reserva Federal de Estados Unidos.
  • En la medida en que el dólar es un dólar débil, la apuesta de muchos inversores a las commodities hace que suba el precio y esto, al final, beneficia a países como los de América Latina, y beneficia centralmente a la Argentina, cuyo Gobierno está atado a esa recuperación por vía de las retenciones.
  • Quiere decir que Fernández empieza a recibir algunas noticias buenas. Le falta la vacuna. ¿Cuándo llega? El miércoles firma con los rusos, que prometen que entre Navidad y fines de enero va a haber una vacunación más o menos de 5 millones de personas, y así mes a mes. La industria farmacéutica no rusa está preparando su logística para empezar a repartir vacunas en la región, más o menos de aquí a tres meses. Daría la impresión de que se abre una posibilidad, lentísima, porque la normalidad, en el mejor de los escenarios, según dice el CEO de Pfizer, llegaría en el próximo verano. No este que viene. El de 2022.Mientras tanto, la economía, a media máquina.
  • Más allá de todo esto, el Gobierno igual necesita urgente un acuerdo con el Fondo porque las reservas siguen cayendo. Necesitan un acuerdo con el FMI antes de enero. En este contexto de necesidades, se produjo este lunes la charla entre Joe Biden y Alberto Fernández. Fernández sabe que está hablando con el jefe de Janet Yellen, la nueva secretaria del Tesoro, que es la que levanta o baja el pulgar de cualquier acuerdo de cualquier país con el Fondo y, sobre todo, el de la Argentina que está bajo una lupa gigantesca porque ha sido el más ambicioso y el que más rápidamente fracasó de todos los acuerdos que ha hecho el FMI en su historia.

  • Hablaron de la necesidad de cooperación. Alberto Fernández le tiró un centro. Dijo: "Nosotros teníamos muy poca expectativa de cooperar, de converger con Estados Unidos, y ahora se reanima esa expectativa con usted". Le quiso decir: "Por suerte se fue Donald Trump". Y también habló, con astucia, de Jorge Bergoglio. Le habló mucho de Bergoglio porque Biden es católico; porque Biden perdió un hijo y Bergoglio, igual que el arzobispo de Washington en aquel momento (que hoy está en medio de un escándalo por pedofilia), estuvieron muy cerca de la familia. Pero además, porque Biden, junto con John Kerry, el secretario de Estado de Barack Obama, ambos católicos, fueron los que tejieron con el Vaticano toda una política para América Latina que incluía la recomposición de relaciones con Cuba, los acuerdos de paz en Colombia y a lo mejor, al final del camino, algún tipo de transición para Venezuela.
  • Todo esto lo hablamos el lunes pasado, pero no sabemos si se va a reproducir. Sobre todo por algo que muchos observan: Biden necesita dentro de dos años ganar la elección de Florida. Y cae muy mal en el sur de ese estado cualquier aproximación a Cuba o a Venezuela. Ahí está el dilema de Biden respecto de Latinoamérica.
  • Se le suma otra ventaja a Fernández en relación con Biden porque si mira América Latina y, sobre todo el cono sur, desde Washington, lo vemos a Fernández diciendo: "Tenemos un amigo en común, que es el Papa. Y, además, tenemos un enemigo en común que es Jair Bolsonaro". Bolsonaro está diciendo como presidente de Brasil que la elección de Estados Unidos fue fraudulenta. Es decir, que Biden llegó con trampa. Vamos a ver cómo sale Brasil de ese problema. Los diplomáticos brasileños están cruzando los dedos. No sabemos qué hace el canciller de Brasil, que está subordinado a su presidente. Hoy hubo una conversación, también inédita, entre Alberto Fernández y Bolsonaro. Por primera vez pacífica, por primera vez una aproximación, donde intervino también Daniel Scioli, el embajador en Brasil.
  • El Gobierno pone muchas fichas a la política para el acuerdo con el Fondo. No son las únicas. Hubo un detalle cuando se anunció quién va a ser la nueva secretaria del Tesoro, Janet Yellen. El detalle que es que Martín Guzmán, el ministro de Economía, emitió un tuit donde decía: "Adhiero a las felicitaciones de Joseph Stiglitz". Su profesor, su jefe en el equipo de investigación que integraba Guzmán en la Universidad de Columbia. Uno piensa, siendo ministro de un país, ¿necesita "ir chupado" detrás de Stiglitz para felicitar a una colega, que sería Yellen? Claro, Guzmán debe haber tenido en cuenta un detalle que es que Yellen está casada con un señor descendiente de suecos que se llama George Akerlof. El señor Akerlof recibió el Premio Nobel en el año 2001 con Stiglitz. O sea que Stiglitz, el jefe de Guzmán, es socio académico del marido de Yellen. Yellen a su vez, si uno mira sus antecedentes biográficos, fue alumna de Stiglitz. Guzmán le quiere entrar por la familia y hace bien. Es astuto.
  • ¿Cuánto puede influir esto en el acuerdo con el Fondo? Poco. Janet Yellen, que es una profesional, va a pedir un programa consistente. Es decir, que la Argentina en vez de perder reservas empiece a recuperarlas. Se necesita valorizar el peso y para eso hay pocas estrategias. Una de ellas es subir la tasa de interés y que los tenedores de pesos se vean mejor recompensados frente a la inflación. Para que eso ocurra se necesita un programa de ajuste, recesivo. ¿En medio de la pandemia? Sí ¿En medio de las elecciones? Sí. Este es el complejo problema en el que está Alberto Fernández.
  • Uno podría decir: es el programa malditamente neoliberal de Alberto Fernández. ¿Qué es lo que tiene de interesante todo esto? Que la polarización automática -Maradona es mío y no tuyo, nosotros somos los buenos y ustedes los malos- oculta una continuidad importantísima que es la del gobierno de Macri y el de Fernández. La continuidad de un programa, el programa del Fondo. Esto está indicando no una convergencia ideológica sino la continuidad de determinados problemas que la Argentina no puede resolver a lo largo del tiempo. El discurso de hoy en el senado de Martín Lousteau enumera las cifras, los indicadores económicos de la Argentina de Cristina. Muestra que ya estábamos en este problema desde hace 10 años.
  • Daría la impresión de que esta política económica que se superpone y es, diría, casi solidaria con la política económica de Macri, -solo con un desafío mucho más importante que es la recesión de la pandemia-, haría juego con un acuerdo político. Si hubiera honestidad intelectual tendrían que converger. ¿Esto está en la cabeza de Fernández? En alguna medida, sí. ¿Está en la cabeza de Cristina? No. Y esta divergencia se nota en la designación del Procurador. No difieren en el nombre. El problema es si se lo designa con dos tercios o con mayoría absoluta del Senado. Es decir, si será el procurador de un solo partido o será el procurador de la democracia. Cristina, que es inteligentísima, se da cuenta de que si Fernández logra pactar con la oposición en un tema tan importante, desde el punto de vista institucional, pero sobre todo simbólico, ligado directamente con los problemas de corrupción, el bonsái Fernández le va a crecer. Y en la hoja de ruta del kirchnerismo no está previsto que el Presidente sea un gran líder.

  • Fernández tiene que hacer dos cosas: el ajuste, para eso lo pusieron, centralmente para acordar con el Fondo (algo que Cristina no está dispuesta a hacer porque no quiere desfigurar su imagen ante la historia); y llevar adelante una agenda institucional donde lo que vemos todo el tiempo es divergencia.
  • No solamente vemos que la vicepresidenta se separó en la agenda judicial. También en el tema del aborto. El Gobierno manda una ley para despenalizar el aborto y de golpe la vemos a Cristina Kirchner con un rosario en el pecho. ¿Qué puso sobre el féretro de Maradona? Un rosario. Nadie duda que es un problema de la fe de Cristina y su relación con la religión, pero, es curioso, el rosario aparece en un contexto en el que Fernández quiere tratar la ley del aborto.
  • Hay otra mala noticia para Cristina que tiene que ver con que la Cámara de Casación golpea la pretensión de declarar inconstitucional la figura del arrepentido. Esta es una decisión de primera magnitud. Dos jueces rechazaron este pedido que está en relación con la causa de los cuadernos de Centeno. Pero va más allá de eso. Las organizaciones de corrupción, cuando un grupo de personas se organiza para generar un proceso de corrupción y vivir de ello, contemplan que van a ser investigados. Y no dejan huella. Es muy difícil avanzar por la vía de testimonios escritos para descubrir dónde está la corrupción. Para romper mafias se inventó, y esto abrió todo un debate en el derecho penal, la idea de que el Estado se pueda aliar con un corrupto, para que éste consiga algún alivio en la pena a cambio de contar aquello que nunca vamos a encontrar en los papeles. Esa es una institución clave en los países con mucha corrupción. Así se desbarató la Tangentopoli en Italia. Esto es lo que se acaba de convalidar, felizmente, en la Argentina.
  • El acuerdo inicial entre Alberto y Cristina Kirchner tenía dos capítulos. Uno económico, otro penal. Tenés que hacer el ajuste y tenés que resolverme mis problemas en la Justicia. El Presidente está cumpliendo nada más que el primero.

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