La mejor arma que tienen los ciudadanos de EE.UU. para luchar contra el ICE
En medio de operativos migratorios y denuncias por uso excesivo de la fuerza, grabar los episodios de violencia se convierte en una herramienta clave para exigir rendición de cuentas
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NUEVA YORK.– Estamos en una guerra de teléfonos. Desde que las cámaras se incorporaron a los celulares, la gente viene usando sus dispositivos para dar testimonio de la violencia estatal. Pero ahora es el Estado el que contraataca.
No creo que sea casualidad que Alex Pretti estuviera sosteniendo su teléfono cuando fue abatido por agentes federales en Minneapolis. Tampoco que la pareja de Renee Good estuviera filmando a un agente federal segundos antes de que este matara a Good. En reiteradas ocasiones, los agentes les arrebataron los teléfonos de las manos a quienes observaban. Golpearon a personas que los filmaban, las siguieron hasta sus casas y las amenazaron. De los 19 tiroteos cometidos por agentes federales en el último año identificados por The Trace, un medio especializado en investigar la violencia armada, al menos cuatro involucraron a personas que estaban observando o documentando las acciones de los agentes.
Desde hace tiempo, los tribunales reconocen que los ciudadanos tienen, en virtud de la Primera Enmienda, el derecho a filmar en espacios públicos. Pero ese derecho, consagrado en el papel, está siendo cada vez más disputado en las calles, a medida que los agentes federales intentan impedir que los ciudadanos registren sus actividades.
“Estamos viendo un patrón de intimidación hacia personas que solo intentan observar”, dijo Alicia Granse, abogada en la filial de Minnesota de la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU, por su siglas en inglés), que presentó una demanda contra el Departamento de Seguridad Nacional por utilizar tácticas violentas para reprimir el derecho a la libertad de expresión de los residentes. Este mes, un juez federal concedió una medida cautelar en el caso que prohibía al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) tomar represalias contra observadores y manifestantes pacíficos en el estado. Pero el miércoles un tribunal de apelaciones dejó sin efecto esa orden.

Funcionarios del gobierno llegaron a equiparar abiertamente el hecho de filmar a un agente con un acto de violencia, tanto en declaraciones públicas como en testimonios judiciales. En julio, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, afirmó que la violencia contra los agentes incluye “grabarlos donde estén, cuando están en operaciones”.
Los fundadores de la nación temían que, si el Estado monopolizaba las armas, los ciudadanos pudieran ser oprimidos. Su respuesta fue la Segunda Enmienda. Hoy, cuando nuestros teléfonos son las principales armas de la guerra de la información, deberíamos defender con el mismo celo el derecho a portar teléfonos que el derecho a portar armas. Para adoptar el lenguaje de los entusiastas de la Segunda Enmienda, tal vez lo único que a la larga puede detener a un hombre malo con un arma sea un hombre bueno con una cámara.
Hace más de 25 años, el escritor de ciencia ficción David Brin anticipó exactamente esta encrucijada. En su libro de 1998 La sociedad transparente describió dos posibles postales de una ciudad futurista cubierta de diminutas cámaras omnipresentes. En un escenario, el gobierno utiliza esos dispositivos para vigilar a los habitantes en un Estado policial orwelliano. En el otro, los ciudadanos pueden ver en vivo las imágenes de cualquier cámara para cuidarse entre sí y controlar a la policía, lo que deriva en una sociedad justa y equitativa. La diferencia entre la opresión y la liberación, escribió, es: “¿Quién controlará las cámaras en última instancia?”.
Desde luego, la actual administración y sus fuerzas de control también están usando los teléfonos a su favor para construir contrarrelatos en la era de las redes sociales. El gobierno de Donald Trump viene llevando adelante una campaña de propaganda a través de videos en redes que exhiben sus operativos de deportación masiva.
En diciembre, cuando el ICE lanzó su ofensiva en Minnesota, el organismo publicó en X un video con un montaje de hombres de piel oscura perseguidos, reducidos y esposados por agentes del ICE, con la canción “Cold as Ice”, de Foreigner, de fondo. El texto que acompañaba el video decía: “El clima en Minnesota está nublado, con 100% de probabilidades de ICE”. Un análisis de las imágenes realizado por The Daily Northwestern sugirió que agentes estaban filmando a manifestantes en un suburbio de Chicago con lo que parecían ser anteojos Ray-Ban de Meta equipados con cámaras.
Minnesota's weather is cloudy with a 100% chance of ICE. pic.twitter.com/R2MahbPBA5
— U.S. Immigration and Customs Enforcement (@ICEgov) December 9, 2025
La cámara del smartphone es un arma poderosa porque ofrece la promesa de una rendición de cuentas futura. Incluso si quien filma es asesinado, la cámara puede preservar pruebas de un delito que podría ser juzgado más adelante. El deseo de eludir esta responsabilidad explica por qué los gobiernos que reprimen violentamente suelen cortar el acceso a internet e impedir así que los testigos compartan videos y fotos, como Israel lo hizo en forma reiterada durante sus bombardeos sobre Gaza y como Irán lo hizo recientemente durante la masacre de miles de manifestantes.
La mejor defensa es redoblar la documentación. Quienes puedan asumir el riesgo personal deberían seguir filmando. Y quienes no puedan exponerse en la primera línea pueden apoyar de otras maneras a quienes documentan. Los valientes ciudadanos de Minnesota y de otros lugares están resistiendo, monitoreando a los agentes federales que emplean llaves de estrangulamiento, agentes químicos y un uso excesivo de la fuerza contra inmigrantes, observadores y manifestantes.
Como instó recientemente el gobernador Tim Walz a los habitantes de Minnesota: “Lleven el teléfono con ustedes en todo momento”, para “ayudarnos a crear una base de datos de las atrocidades cometidas contra los habitantes de Minnesota”. Videos tomados por testigos en Minneapolis ya permitieron que medios de comunicación refutaran la versión oficial según la cual los agentes dispararon contra el señor Pretti porque estaba blandiendo un arma.
Tenemos que desconfiar cada vez que el gobierno nos pide que guardemos el teléfono, sobre todo cuando se trata de filmar a personas a las que les pagamos con nuestros impuestos.
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