Set-jetting: por qué las series de televisión inspiran destinos vacacionales
De Seúl a los fiordos noruegos, las ficciones de streaming ya no solo cuentan historias: hoy funcionan como catálogos aspiracionales que definen nuestros próximos destinos.
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Hace mucho tiempo uno elegía su próximo destino vacacional hojeando una revista o por la recomendación de un amigo. Pero aquello que inició como un fenómeno chiquito y de nicho (por ejemplo, los fanáticos de Star Wars visitando las locaciones donde la película se filmó), hoy la industria del turismo lo etiqueta como “Set-jetting”. El fenómeno es tan masivo que, según el Global Travel Trends Report de American Express, el 70% de los viajeros de las nuevas generaciones admiten haber reservado un viaje inspirados específicamente por una locación vista en pantalla.

Acá lo interesante es que no se trata solo de ver un paisaje lindo; el Síndrome de la pantalla viajera es producto de la conexión emocional que la ficción genera en los fanáticos. Es decir, Ya no se trata solo de “ver” el Coliseo, también queremos caminar por la Roma de Succession o sentir la brisa siciliana que envolvió las tragedias de The White Lotus. Esta tendencia ha transformado la economía de regiones enteras. Un estudio de Netflix en conjunto con la OMT (Organización Mundial del Turismo)demostró que la exposición a contenidos locales aumenta la afinidad por la cultura de ese país en un 2.4 veces, convirtiendo al espectador en un turista potencial casi inmediato.

Estamos ante una nueva forma de descubrimiento: el viaje que empieza en el sillón de casa y termina en el check-in de un aeropuerto remoto.
Ciudadanos del mundo: ficciones que borran fronteras
Hay series que no se conforman con un solo set; su ADN es el movimiento. En esta categoría, la esperada producción coreana ¿Este amor puede ser traducido? (Can This Love Be Translated?, Netflix) se perfila como el nuevo estandarte. La historia de un traductor que debe lidiar con una actriz que habla un “lenguaje” vital distinto no es solo un romance; es una invitación a entender cómo la geografía y el idioma moldean el afecto. Sus locaciones, que saltan de la ultra-tecnología de Seúl a rincones de una Europa idílica, nos recuerdan que viajar es, ante todo, un ejercicio de traducción cultural.
Para los que prefieren el enfoque documental pero con alma de ficción, The Reluctant Traveler (El viajero renuente, Apple Tv) con Eugene Levy es una joya. Levy, que admite odiar los viajes, nos lleva por Costa Rica, Finlandia y Japón, demostrando que incluso el más escéptico sucumbe ante la inmensidad de la naturaleza. A este grupo debemos sumar la mítica Sense8 (Netflix). Aunque pasaron los años, sigue siendo la serie definitiva para los amantes del mundo: ocho personajes en ocho ciudades distintas (Berlín, Nairobi, Mumbai, Ciudad de México, etc.) que nos muestran que, a pesar de las distancias, los paisajes que habitamos nos conectan de manera visceral.
Road Trips: el asfalto como terapia de transformación
Nada grita “libertad” como una ruta abierta. El género de la road movie llevado a las series nos permite experimentar la transformación de los personajes a través del kilometraje. The Mosquito Coast (La costa de los mosquitos, Apple Tv) es un ejemplo perfecto. El escape de la familia Fox desde los Estados Unidos hacia las selvas de México y Guatemala es visualmente apabullante. El paisaje aquí no es amable; es una fuerza de la naturaleza que desafía al viajero y lo obliga a mimetizarse con el entorno.
Por otro lado, Senderos peligrosos (Wilderness, Prime Video) utiliza los Parques Nacionales de Estados Unidos como un escenario de tensión y belleza sublime. Desde el Gran Cañón hasta Yosemite, la serie nos hace sentir la escala de lo humano frente a la piedra y el abismo. Si buscamos algo con una estética más indie pero igual de poderosa, The End of the F***ing World (Netflix) nos regala un viaje por las rutas secundarias de Inglaterra, con ese verde húmedo y esos cielos grises que invitan a un viaje de introspección y rebeldía joven. Son series que te dejan con ganas de alquilar un auto, armar una lista de reproducción y manejar sin un destino fijo.
El “Efecto Japón”: la fascinación por el sol naciente
Japón vive un boom turístico sin precedentes, y gran parte se debe a cómo su estética ha colonizado el streaming. Para entender esta fascinación, hay que pasar por estas cuatro paradas obligatorias:
- Tokyo Vice (HBO Max): es la puerta de entrada al Japón nocturno, el de los neones de Shinjuku y los callejones donde el orden y el caos conviven. Es una serie de texturas, ideal para los que buscan la vibración urbana.
- The Makanai: Cooking for the Maiko House (Netflix): dirigida por Hirokazu Kore-eda, esta serie es una carta de amor a Kioto. Nos muestra la vida en los barrios tradicionales, la importancia del detalle y la gastronomía que es, en sí misma, un paisaje.
- First Love (El primer amor, Netflix): si querés ver el Japón rural y la belleza de la nieve en Hokkaido, esta es la serie. Es visualmente poética y nos transporta a un Japón nostálgico que pocos turistas convencionales llegan a conocer.
- Midnight Diner (Netflix): esta es, quizás, la serie más “viajera” desde lo sensorial. Situada en un callejón escondido de Shinjuku (el famoso Golden Gai), nos enseña que el verdadero viaje ocurre alrededor de una barra de madera y un plato de comida casera. Según un estudio de Journal of Gastronomy and Tourism, la comida es el principal motor de “autenticidad” que busca el turista moderno. Esta serie nos invita a perdernos en el Tokio menos pretencioso para encontrar historias humanas universales.
Solo para iniciados: series que captan la esencia del viajero frecuente

Existen ficciones donde viajar no es el motor de la trama, pero el “espíritu viajero” impregna cada escena. Son series que solo quienes aman estar en movimiento disfrutan en un nivel superior. The White Lotus es, quizás, la sátira más brillante sobre el turismo de lujo. Cada temporada en un hotel distinto (Hawái, Sicilia y próximamente Tailandia) disecciona la psicología del huésped y su desconexión —o conexión forzada— con el entorno local. Según datos de Expedia, las búsquedas para viajar a Sicilia aumentaron un 300% tras la segunda temporada.
Otra imperdible es Killing Eve. La serie es un desfile de ciudades europeas tratadas con una mirada exquisita: París, Ámsterdam, Berlín, Bucarest. Los personajes se mueven por el mundo con una naturalidad envidiable, recordándonos que el verdadero viajero es aquel que se siente en casa en cualquier café de una ciudad desconocida. Por último, Succession, con sus viajes en jet privado a Noruega o Islandia, nos muestra el lado más exclusivo y frío del mundo, recordándonos que, a veces, el paisaje más impresionante es aquel que se disfruta en el silencio más absoluto.
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