Le daba pánico bajar las escaleras y se sentía frágil al usar tacos altos: “Hay que encontrar el espacio donde la enfermedad no manda”
Maggie Leri pasó del temor paralizante ante desafíos diarios a conquistar 2.700 metros de mar abierto con brazadas de pura determinación;ella encontró en el agua la fuerza para reescribir su destino
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“Fue un momento de quiebre muy fuerte. Recuerdo esa sensación de que el cuerpo no responde como siempre. Ya venían apareciendo cosas que no entendía: una especie de pánico al tratar de bajar escaleras, el temblor de las manos, la fragilidad en piernas al usar tacos altos, el arrastrar ocasionalmente la punta del pie cuando corría”.
Durante años, Maggie Leri consultó a médicos de diversas especialidades, buscando respuestas para síntomas que la aquejaban sin darle respiro. Recién a los 40 años, la creciente debilidad en sus piernas la llevó a un traumatólogo que la derivaría a un neurólogo. Fue entonces cuando llegó a un especialista en enfermedades desmielinizantes; aunque ella no lo sabía, el propio traumatólogo ya sospechaba que se trataba de esclerosis múltiple.

“Sentí miedo, pero también alivio”
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad que daña la vaina de mielina, la cubierta protectora que rodea las neuronas. Cuando esta cubierta se deteriora, los impulsos nerviosos disminuyen o se interrumpen. Afecta con mayor frecuencia a mujeres y suele diagnosticarse entre los 20 y 40 años, pero se puede observar a cualquier edad. Sus síntomas varían según la zona del sistema nervioso afectada y pueden incluir problemas visuales, motores o de equilibrio. Si bien actualmente no tiene cura, existen tratamientos que pueden retrasar su progresión.
“Cuando recibí el diagnóstico sentí miedo e incertidumbre. Jamás había escuchado hablar de esta enfermedad y no conocía a nadie que la tuviera. Pero también sentí alivio, era por fin la respuesta a esa gran incógnita: ´¿por qué mi cuerpo no funcionaba como antes?´”, recuerda.

Un durísimo pronóstico
El diagnóstico de esclerosis múltiple llegó como un rayo inesperado, pero necesario: explicaba esa desconexión frustrante entre lo que la mente de Maggie ordenaba y lo que su cuerpo lograba hacer. Junto con él vino un pronóstico duro —“en veinte años, tus funciones nerviosas dejarán de funcionar como hoy”— que la lanzó al peor de los escenarios, inevitable cuando la vida te golpea así.
Durante dos años, vivió atrapada en la auto victimización, el miedo y la incertidumbre, sin saber a quién pedir ayuda emocional ni qué necesitaba realmente. Pero ese cambio de chip la llevó a escucharse de verdad, entendiendo que el diagnóstico no era un final, sino una pregunta vital: ¿cómo quiero vivir lo que me pasa?
No romantiza la enfermedad, pero reconoce su poder transformador: un punto de inflexión que la obligó a mirarse con honestidad brutal, abriendo puertas a una vida más consciente y plena.

La importancia del deporte y el yoga
“El deporte siempre estuvo en mi vida, desde pequeña. Cuando me diagnosticaron me dijeron que debía olvidarme de hacer actividad física ya que la esclerosis múltiple viene acompañada de una gran fatiga (hoy están demostrados los beneficios del deporte no solo en patologías como ésta, sino en general). Por ello, el diagnóstico no solamente trajo una mala noticia sino también la imposibilidad de hacer algo que siempre hice y amé. Gracias a mis búsquedas, luego entendí que el deporte podía ser el puente para volver a encontrarme conmigo misma y retrasar de alguna manera esa discapacidad inevitable. Moverme es la forma que encuentro para seguir activa, para habitar mi cuerpo sin miedo, reconciliarme con él. No entreno para competir. Entreno para recordarme que estoy viva. Y cada vez que entro al agua, lo siento muy claro: ´mi cuerpo tiene límites, pero mi mente no´”.

El yoga, cuenta, es la herramienta que le permite calmar la mente a través de la meditación y de la libertad de sus movimientos amorosos. El entrenamiento funcional le permite crecer, tonificar, corregir, elongar y desafiarse.
Una gran hazaña
Maggie cruzó 2.700 metros de mar abierto, desde la Isla Gorriti hasta Punta del Este, en su tercer intento. Una hazaña que fue mucho más que un nado: se trató de un grito de libertad. Al tener esclerosis múltiple, cada paso en tierra se vuelve más pesado, un recordatorio cruel de las limitaciones que la enfermedad impone. Pero en el agua todo cambia. En las costas uruguayas descubrió su refugio: un medio donde el cuerpo fluye sin trabas, donde la esclerosis se desvanece y emerge la nadadora pura, sin etiquetas.

Sus primeras brazadas en aguas abiertas apenas sumaban 500 metros, pero Maggie no se conformó. Subió la apuesta paso a paso, desafiando corrientes y tiempos límite. Dos intentos fallidos al cruce de Gorriti la probaron, pero el tercero fue victoria: ¡lo logró!
Hoy ese recorrido es rutina –lo repitió dos veces más–, y sumó vueltas a Punta Ballena (4,5 km) y el cruce del Nahuel Huapi en Bariloche (3 km). Cada metro nadado rompe barreras, demostrando que la adversidad no define el límite, sino que lo expande con tenacidad y fe.
“En el agua, no soy una nadadora con esclerosis múltiple; soy una nadadora. Ese cruce me enseñó que la libertad no está en negar la enfermedad, sino en encontrar el espacio donde ella no manda. Hoy nado con más fuerza que nunca, y cada ola me recuerda: mientras haya mar, hay esperanza”.
En un plan más amplio, Maggie participó en el Ironman 70.3 de Punta del Este (Uruguay), un evento de triatlón de larga distancia que combina natación, ciclismo y carrera a pie. Ella compitió en natación como parte de un equipo de relevos, evidenciando que su práctica deportiva no se limita al entrenamiento individual sino que se proyecta hacia competencias exigentes de multisport, sirviendo también como experiencia de superación colectiva.
Más allá de los resultados técnicos, su actividad gira en torno a usar el deporte como medio para enfrentar la esclerosis múltiple, mejorar la calidad de vida y dar visibilidad a la discapacidad y las enfermedades crónicas. Participa en charlas, campañas y espacios públicos donde se combina su experiencia física (entrenamientos, competencias y travesías) con relatos de resiliencia, posicionando el deporte no solo como ejercicio, sino como “acto de resistencia” y motor de transformación personal y social.
“Cuando recibí la propuesta, la viví con profunda humildad”
En 2024, fue convocada por la Delegación Permanente de Paraguay ante la UNESCO como embajadora del programa Fit for Life, gracias a su poderoso recorrido personal con el deporte como herramienta de transformación. Esta distinción llegó como un reconocimiento a su resiliencia, forjada en las aguas abiertas que le han dado alas frente a la esclerosis múltiple. Su historia se convirtió en un faro para quienes buscan en el movimiento una vía de empoderamiento.

Fit for Life es una iniciativa global que posiciona al deporte como catalizador de cambio social, fomentando la inclusión, combatiendo desigualdades —sobre todo de género— y transformando realidades marcadas por la violencia, la discriminación o la ausencia de oportunidades. Para Maggie, este rol trasciende el honor personal: es una extensión de su propia lucha, donde cada nado no solo la libera a ella, sino que inspira a comunidades enteras a romper barreras invisibles. Es un recordatorio de que el deporte une, sana y abre caminos donde antes solo había obstáculos.
“Cuando recibí la propuesta, la viví con profunda humildad, pero también con una responsabilidad inmensa que me llena de esperanza. Mi historia dejó de ser solo mía para transformarse en una plataforma desde la que puedo acompañar a otros, especialmente a mujeres y personas que enfrentan desafíos similares. Como deportista y paciente de esclerosis múltiple, siento este rol como un gran honor: una invitación a demostrar que, con el deporte como aliado, ninguna limitación es definitiva”.
- Como embajadora de UNESCO Fit for Life, ¿cómo utilizás el deporte para promover inclusión?
- Desde ese rol, mi trabajo es compartir una mirada distinta sobre el deporte. No se trata solo de rendimiento o competencia, sino de acceso, de igualdad de oportunidades y de generar espacios seguros.
- En mi caso, lo llevo a tierra desde mi propia experiencia: mostrar que el cuerpo puede tener límites, pero que el deporte sigue siendo un espacio de posibilidad. Y que incluir no es adaptar al otro, sino cambiar la forma en que miramos quién puede o no puede estar ahí.
- ¿Cómo surgió escribir Brava?
- Brava no nació como un libro, sino como una necesidad. La necesidad de entender mi historia, de ordenar lo que me había pasado, de poder mirarlo sin miedo. Y en ese proceso entendí algo que hoy guía todo lo que hago: cuando uno logra entender su historia, deja de pelearse con ella, y por sobre todo de culpar a los demás.
- ¿Qué esperas que el lector se lleve de tu mensaje de esperanza y vulnerabilidad?
- Que no está solo. Que lo que le pasa no lo define. Y que siempre hay una forma distinta de mirar. Porque si algo aprendí es esto: no siempre podemos elegir lo que nos pasa, pero sí podemos elegir cómo lo interpretamos. Soy coach ontológica y programadora neurolingüística. En ambos mundos utilizamos mucho esta frase: no son las personas o circunstancias las que definen lo que nos pasa, son los ojos con los que miramos eso que nos pasa.
Maggie lleva hoy una vida más simple, pero cargada de una conciencia profunda que la guía con serenidad. Aunque los desafíos persisten, ella los abraza desde la posibilidad y no desde el temor. Aprendió a no esperar que todo esté perfecto para sentirse en plenitud, encontrando en esa perspectiva una libertad que ilumina cada día.
Su rutina se reparte con equilibrio entre ser madre, la natación que la mantiene libre en el agua, y su labor como escritora, speaker internacional y coach ontológica. Las redes sociales ocupan un lugar clave, convirtiéndose en el espacio donde Maggie comparte abiertamente su vida y la manera en que construye su realidad con autenticidad y propósito. Es un testimonio vivo de cómo la resiliencia transforma lo cotidiano en fuente de inspiración.
¿Qué mensaje les darías a las personas que se encuentran abordando una situación traumática?
Que no se queden solo con la primera lectura de lo que les pasa. Muchas veces lo que parece un final, es apenas el comienzo de algo distinto.
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