Una arquitecta que valora la amplitud de las construcciones de principios del siglo XX integró sus espacios con audacia y sensatez
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La arquitecta Joaquina Echaide visitó 40 departamentos hasta dar con el que cumplía con sus requisitos: construcción antigua, ambientes amplios, techos altos y la seguridad de esta zona de Belgrano.

Hizo la reforma de su casa junto a Darío Graschinsky, su socio en el estudio Darío y Joaquina, con quien comparte también docencia en la Universidad Torcuato Di Tella y la dirección de proyectos para Clusellas + Ades. Con dos cabezas que se retroalimentan teorizando sobre arquitectura, la cosa no podía salir mal: los espacios son prácticos, la circulación fluida y buena parte del equipamiento lleva la firma de colegas nacionales y extranjeros obsesionados con el diseño.

Joaquina vive entre Buenos Aires y Berlín, donde reside su pareja, arquitecto como ella. “Pasamos algunas temporadas juntos y otras separados; en ese sentido, el departamento demostró ser muy cómodo: funciona bien para uno, para dos y también para recibir amigos”, dice, fascinada con las posibilidades de ocupación que le encontraron, junto a su socio, a esta planta anteriormente compartimentada, pero que cuenta con luz natural y ventilación en todos los ambientes.

Me interesa la actualización de ciertos departamentos. Comparadas con las unidades a estrenar, de distribución ajustada, las de principios del siglo XX permiten reflexionar sobre nuevas formas de ocupación.”
— Arq. Joaquina Echaide, socia de Darío y Joaquina y dueña de casa

Se removió cuidadosamente la pintura de las aberturas para descubrir y sacar a relucir su tono verdadero.


En su eje
“El departamento tenía un solo baño, grande, que reconfiguramos para sumar un toilette”, agrega, en referencia a esta operación que también eleva el valor de mercado de la propiedad. Además de los cambios en los baños, la propuesta se enfocó en integrar el living, la cocina y el comedor en un mismo eje lineal.

Con la reforma, lograron que un espacio antes destinado al servicio se apropiara del centro de la planta y quedara siempre a la vista. “Queríamos hacer una isla de acero inoxidable fuera de lo convencional. Con un tándem de dos muebles de guardado, logramos liberarla de electrodomésticos, utensilios y demases para darle el protagonismo que buscábamos”.

“La posición de la cocina se mantuvo respecto de la distribución original, pero abrimos y agrandamos el espacio para otorgarle una forma de uso más abierta y desprejuiciada”.

“La ochava fue una de las partes que más nos interesó del departamento. Armamos en ella un espacio versátil que oscila entre comedor y oficina, con una mesa triangular que se alinea con la geometría de la esquina y la realza”.

Camino al cuarto


“En el dormitorio no hicimos grandes cambios, pero el baño lo reformamos a nuevo. Ahí buscamos acercarnos a la paleta original del edificio, por eso los clásicos azulejos blancos y los pisos de mosaico calcáreo, un material que se lleva bien con el tiempo”.

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