Griselda Siciliani: de la difícil despedida de Envidiosa a su “carácter explosivo” y sus ganas de volver a enamorarse
En un mano a mano con LA NACION, la actriz reflexionó sobre el final de la serie que la convirtió en una “heroína políticamente incorrecta”; además, reveló por qué se considera una mujer bastante prejuiciosa
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“Voy a extrañar mucho hacer de Vicky”, dice Griselda Siciliani con tono nostálgico, pero con la certeza de que ese universo ya forma parte de su historia. Es que despedirse de esa “heroína políticamente incorrecta” que construyó en Envidiosa no es fácil. No solo por lo que significó este papel en términos profesionales, sino por el vínculo íntimo que construyó con esta cuarentona tan contradictoria como entrañable.
A lo largo de cuatro temporadas, esta comedia —escrita por Carolina Aguirre— se convirtió en un terreno fértil para explorar emociones, prejuicios y mandatos. “Me dio la posibilidad de experimentar como actriz un montón de lugares todos los días”, resalta su protagonista que —de este recorrido— también se lleva un aprendizaje personal: “Creo que aprendí a sobrevivir; ella es una sobreviviente de sus propias roturas”, advierte.
La maternidad, la familia ensamblada y los prejuicios serán los temas centrales en esta última entrega que llegará a la pantalla de Netflix el próximo 29 de abril. Así es como, a lo largo de 10 episodios, Vicky intentará (aunque no le resultará nada fácil) ganarse el cariño del hijo de su pareja, Matías (Esteban Lamothe). La situación se tornará aún más tensa cuando ella descubra un diario íntimo donde el niño la describe con adjetivos demoledores: superficial, mandona, burra y egoísta. Su estabilidad emocional se pondrá aún más en jaque con la reaparición de Nicolás (Benjamín Vicuña), quien regresa no solo como un antiguo interés amoroso sino también como un cliente importante. ¿Podrá Vicky lidiar con su miedo al fracaso y a la soledad esta vez? La respuesta los sorprenderá...
“Se vivió como un clima diferente”

—¿Cuál será el eje de las sesiones de terapia de Vicky en esta temporada?
—El eje de la terapia es Vicky y la maternidad una vez más, pero vista desde otro lugar; va a descubrir un montón de cosas sobre lo que puede ser una familia. Es ella entendiendo que no todo es como ella creía, que es un poco lo que va pasando en cada temporada. Ella va desarmando la foto que se inventó de lo que supuestamente era la felicidad y a lo que debería llegar una mujer de cierta edad. En esta temporada, le toca estar con un niño que no es hijo de ella, que tiene otra mamá que lo cría de una manera con la que ella no está de acuerdo. Como siempre, Vicky está llena de prejuicios y, sin dudas, eso fue lo más divertido y enriquecedor de hacer para mí.

—¿Cómo fue grabar la última escena?
—Muy movilizante. Era un plano donde salgo corriendo de la casa de Caro (Pilar Gamboa); algo muy sencillo. Cuando dijeron: “¡Corten!”, el equipo ya estaba llorando. Todo el día habíamos estado muy cargados despidiendo a parte de los personajes. Me acuerdo de que ese día también terminó de grabar Mari Bellati y Bárbara Lombardo. Todo el tiempo se vivió como un clima diferente y más cuando nos dimos cuenta de que faltaba poco y empezamos a grabar los últimos 2 o 3 capítulos donde empiezan a pasar cosas emotivas.
—Como en cada temporada, hubo nuevas incorporaciones y en ésta te tocó trabajar con Leticia, tu hermana. ¿Cómo fue la experiencia?
—Nunca habíamos actuado juntas, es la primera vez. La llamaron y no sabían si iba a querer porque el personaje era chico y Leti ya ha protagonizado algunas series. Pero ella al toque dijo que sí por la diversión de actuar juntas. El personaje le quedaba genial y también le puso mucho de ella. Además, Barone (el director) también la conoce mucho porque la dirigió en otra serie, así que fue todo espectacular. Trabajar con ella fue de mucha confianza y conexión; además de que nos reímos mucho. Yo la admiro mucho. Me parece que es una gran actriz y una persona muy talentosa y luminosa.

-¿Cómo fue despedirte de este personaje tan importante para tu carrera?
-Cuando vi el final fue fuertísimo. Voy a extrañar mucho hacer de Vicky. Es un personaje que —por ser tan colorido y tener tantos matices— me dio la posibilidad de experimentar como actriz un montón de lugares todos los días y eso es algo que no te permiten todos los personajes. Creo que la voy a llevar conmigo siempre. Es un personaje inolvidable.
—¿Qué aprendiste de ella?
—Me cuesta un poco saber qué aprendí yo de ella y qué le di mío a ese personaje, qué le sumé de mi cosecha... Pero creo que aprendí a sobrevivir; ella es una sobreviviente de sus propias roturas y a medida que pasan las temporadas va mostrando cada vez más su vulnerabilidad y asumiendo sus propias imposibilidades. Hay algo de eso que es lindo y lo tomo para mi vida.

“Explosiva”
—La serie habla mucho de los mandatos sociales: el casarse, el tener un hijo, el ser exitosa en la profesión... ¿Con qué mandatos tuviste que pelear vos en tu vida?
—No tantos como Vicky (risas). Mi familia es muy diferente a la de ella y tuve una vocación desde muy pequeña que también me dio mucha libertad. Desde muy chiquita empecé a bailar y me dediqué a eso y siempre pienso que tener una vocación fuerte desde niño o adolescente te libera de un montón de mandatos externos. Te genera los mandatos propios de ese metié (que son otros), pero te libera de los sociales o familiares porque te enfoca, te permite volar, te pone como en un camino. Yo se lo agradezco siempre a la danza; el haberme dado un amor a un oficio.
—Vicky es envidiosa, competitiva, egoísta, mentirosa… ¿Cuál es el defecto que te define a vos?
—Ser explosiva. Yo tengo un tono general en la vida para trabajar y relacionarme que es bueno, de buena onda, de buen humor, pero de golpe puedo subir la temperatura de cero a cien. Por ejemplo, estoy re bien, cagándome de risa y de repente digo: “Es muy bajito el sillón, busquemos un almohadón” (con tono nervioso). Y eso tal vez no se ve tanto de afuera, pero adentro mío es una caldera que explota y baja como si fuera una pastilla efervescente.

-¿En los vínculos también sos así?
—Sí, puedo decir de todo y después a los 30 segundos me olvidé, pero justamente como me olvidé ¿por qué no poder ir tres pasitos para atrás y frenar el estallido? No me gusto ni me elijo en esa situación. Estoy súper psicoanalizada y, sin embargo, no he podido erradicarlo todavía, sí controlarlo.
-¿La terapia es muy fundamental en tu vida?
—Muy, creo que más que en la vida de Vicky (risas). Lo que pasa es que yo soy más vieja en el mundo de la terapia. Yo hago terapia desde siempre, Vicky es nuevita (empieza en la primera temporada), pero para mí es fundamental, soy muy pro psicoanálisis.
Los prejuicios y las maternidades
—Esta entrega pone el foco en los prejuicios... ¿Qué te pasa a vos con ese tema?
—Hay algo que pasa en el último capítulo con Vicky que es de las cosas que más me gustó actuar de toda la serie. El gran prejuicio con la maternidad y con la perfección de las madres y cómo ella va descubriendo la dificultad, lo empático y benevolente que hay que ser con el otro porque cada uno tiene sus batallas, sus mundos y porque todas las maternidades son diferentes y singulares.
—¿Sentiste que fueron muy prejuiciosos con vos en tu vida o tu carrera?
—No tanto, o quizá no le presté atención. En cambio, yo sí soy prejuiciosa. Es en mis propios prejuicios donde voy a buscar cuando tengo que actuar, pero trato de tenerlos a rienda corta.

—¿Por ejemplo?
—¡Con todo! Siempre uno ve a alguien y dice: “Y este…” Pero bueno, Vicky lo tiene a flor de piel y no lo reprime (risas) y eso es hermoso. Eso es lo que hace que pueda generarse el humor. Que sea tan extrema.
—En la serie, también se habla de la familia ensamblada con la llegada de Bruno, el hijo de Matías. Vos tuviste parejas con hijos, ¿te fue tan difícil como a Vicky ensamblar?
—Nunca ensamblé, en realidad. Nunca me tocó un niño chiquito en una casa conviviendo. Por ahí, me tocó un tiempo con Totito, el hijo de Adrián, pero yo era más novia en ese momento. Después cuando nació Margui, ahí podía ser más ensamblado, pero Toto ya era más grande. Igual él siempre fue muy copado como ahora, siempre muy a favor de todo y buena gente, así que no me costó.

—¿Cómo sos como mamá?
—No sé cómo soy, habría que preguntarle a Margarita (risas). Yo disfruto mucho de ser su mamá. No sé si disfruto especialmente de la maternidad, pero sí disfruto mucho de este ser humano que es mi hija. Del encuentro con esta persona desde que nació: primero, con esa bebé, después con esa niña y ahora con esta adolescente. Me gusta que la vida sea con ella, me gusta cómo es, lo que aprendo de ella, lo que compartimos. Es un planazo para mí esa persona.
—¿Qué te ves repitiendo de tu mamá con Margarita?
—Eso está buenísimo y es algo que también la serie toca: cómo la maternidad te lleva inmediatamente a tu madre. No sé si repito cosas de mi mamá, pero sí valoré mucho la madre que es y que fue cuando fui madre. Es como si fueran recuerdos que tenía borrados o que no tenía presentes en la vida cotidiana y empezaron a aparecer desde que nació mi hija. Entiendo que también te puede pasar de manera negativa, de tener recuerdos que no están buenos y que también los tenías borrados como le pasa a Vicky.
—Vicky se apoya mucho en sus amigas, ¿en quiénes te apoyás vos cuando lo necesitás?
—En mis amigos. Pienso igual que Vicky en eso de que la amistad es el vínculo superador de todo; tiene características que otros vínculos no tienen. También en mi familia. Nosotros somos seis hermanos y ellos también son mis amigos. Hay un lazo, una confianza y una vida recorrida juntos. Nos llevamos bien, nos divertimos, nos gusta compartir y hay algo de que cuando las papas queman, ellos son una red.
“Yo creo mucho en el amor”

—¿Cómo está tu corazón? ¿Tenés ganas de volver a enamorarte?
—¡Siempre! Enamorarse, vincularse con alguien, conocer a alguien siempre me parece una maravilla. Tiene un misterio conocer a otra persona y ver quién es ese otro con el que te vas a empezar a vincular, que me parece hermoso. Siento que ahora podría enamorarme tranquilamente. Yo creo mucho en el amor y en el vínculo con los hombres.
—Siempre fuiste una fundamentalista de la soltería... ¿dónde quedó eso?
—(Risas). Es verdad. Soy un plomo y me gusta estar mucho sola. Estar sola en mi casa, tener mi espacio, mis tiempos, pero creo que siempre hay alguien con quien te podés encontrar en los tiempos que hay y que tenga una vida que sea compatible con alguien como yo. El amor tiene mil maneras.
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