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Sábado

Costumbres en riesgo. ¿Forzados a ser diferentes?

Martín De Ambrosio
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7 de marzo de 2020  

"El envión que va a agarrar acá el coronavirus con las rondas de mate. Va a entrar como un tornado", anotó el escritor Pedro Mairal (@MairalPedro) en su Twitter, el martes pasado, poco antes de que el ministro de Salud Ginés González García confirmara el primer caso de coronavirus en la Argentina. Entre las respuestas que recibió el tuit, una abogada explicaba que desde hacía algunas semanas estaban en su oficina cada uno con su mate, "más gasto de yerba, pero prevenidos", remarcaba. Algo parecido pensaron Melisa y Lilian, creadoras de la marca de pinturas OhMyChalk, que en las pausas de trabajo decidieron, junto a sus compañeros, transformar la infusión colectiva en placer individual: varios termos y mates en circulación.

Más allá de que no está claro si el virus es transmisible a través de la infusión, y si por ejemplo tolera la temperatura del agua, la aparición del agente infeccioso originado en China supone, o podría suponer, un cambio para algunos de los hábitos más arraigados en los argentinos, por lo general expresivos y generosos a la hora de explayarse corporalmente. ¿Conviene dejar se besarse cuando uno entra y sale de su trabajo o se encuentra con alguien de manera más o menos ocasional? ¿Y darse las manos? ¿Es hora de quedarse más adentro, o todavía puede resultar una medida exagerada?

Aunque algunas empresas ya comenzaron a tomar nuevas medidas higiénicas en el país, todavía no se ha llegado a los extremos de países donde el Covid-19 se ha cobrado ya numerosas vidas humanas, como la propia China, Irán, Italia y hasta los Estados Unidos, el país del continente con más casos.

Allí, la liga de basquetbol profesional NBA dio una serie de recomendaciones a los jugadores a la hora de encontrarse con las multitudes, como evitar cierto tipo de saludos con las manos y elegir firmar autógrafos con lapiceras propias y no con las de los hinchas. El choque de codos o pies, por otro lado, también circuló como alternativa posible de saludo en varios partidos de fútbol internacional.

Más drásticas son las medidas italianas, donde la situación es delicada e incluso se emitió un decreto-ley que impone la distancia de un metro entre personas en lugares públicos (esa es precisamente la distancia a la que puede volar el virus). En ese marco, en la península resultó criticado el propio Papa que, en medio de resfrío que no fue coronavirus, no atinó a poner el pliegue del codo como se recomienda al estornudar sino que se tapó la boca con la mano. Además, películas, giras, festivales, encuentros científicos y comerciales comienzan a posponerse hasta más adelante como en un efecto dominó que posiblemente no pare hasta el verano europeo: es el primer virus antiglobalizador.

Precaución, no paranoia

En ese contexto, las diferencias entre la precaución y la paranoia pueden ser sutiles. Como durante la pandemia de H1N1 de 2009, que atacó severamente a la Argentina, se vuelven a reportar casos en transportes públicos donde un simple estornudo o una tos pueden generar miradas torvas o incluso servir para medir la reacción de la gente "como lo haría el antropólogo Claude Levi-Strauss", como ironizó otro usuario de red social.

Lo cierto es que, en la circunstancia actual de "contención" tras los casos confirmados de argentinos que volvieron de Italia las medidas más extremas, tanta reacción, no se justifica todavía. Omar Sued, presidente de la Sociedad Argentina de Infectología, explicó que "desde lo epidemiológico, no hay virus circulando en el país, por eso no podemos decir por ahora que deban suspenderse saludos con la mano, el mate o los besos. Si tuviéramos transmisión importante como en Italia o Irán quizá sí sea bueno", y agregó que no hay estudios sobre cuánto sobrevive el virus en la bombilla del mate y si puede haber o no trasmisión. "De todos modos, ya nuestras abuelas nos decían que si teníamos fiebre no había que compartir el mate. La pregunta es interesante, pero no hay que asustar todavía, si cambia y hay circulación, sí pueden cambiar las recomendaciones. Hay que darle tranquilidad a la gente", agregó Sued.

En ese sentido, el infectólogo está confiado en que no haya circulación en Argentina y que los casos queden reducidos a quienes vienen del extranjero. "Depende de lo buenos o malos que seamos a la hora de aislar a los pacientes. Tenemos la suerte de que estamos en verano por eso la aglomeración en espacios chicos es menor. Hasta hoy, con más de sesenta países con casos, solo cinco tienen transmisión local. No debería ser tan difícil contenerlo, pero si tenemos mala suerte y hay casos locales, quizá desde la Sociedad Argentina de Infectología podríamos salir a pedir no dar besos, las manos o tomar mate, pero por ahora no hay datos que sustenten esta medida".

No obstante, las empresas, sobre todo las grandes compañías con cientos y miles de empleados y áreas que tratan precisamente de higiene y salubridad, se esfuerzan por tomar las medidas adecuadas de profilaxis. Unilever, por ejemplo, creó un comité interdisciplinario para abordar el tema, también una sección dentro de su intranet con información confiable, reforzó limpieza en áreas comunes y la señalética que indica los lugares donde está disponible el alcohol en gel. También aconsejaron a los empleados no subir de a muchos en el ascensor y, como en otras empresas y bancos, cancelaron viajes procedentes de países en riesgo para empleados, contratistas y proveedores, así como los típicos viajes de negocios. En cambio, sí vuelve a tomar vuelo una idea que es muy popular entre quienes aborrecen de las largas reuniones de trabajo que podrían evitarse: "Este encuentro pudo ser un mail" o incluso "esta conferencia pudo ser una teleconferencia". Se sabe: los bytes no contagian este tipo de virus.

En la empresa Unilever, entre otras medidas, aconsejan a los empleados no "amucharse" en los ascensores
En la empresa Unilever, entre otras medidas, aconsejan a los empleados no "amucharse" en los ascensores Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

Por otro lado, si bien los niños no parecen los más afectados por el coronavirus, las aglomeraciones de niños llamadas jardines de infantes o escuelas y colegios también son fuente de preocupación para padres y madres que desde enero y a medida que se acercaba el inicio del ciclo lectivo empezaron a calentar los grupos de WhatsApp con una mezcla de miedo y, como suele suceder, informaciones falsas que obligaban a algunos de los padres a pedir fuentes seguras para que no cunda el pánico.

Sin embargo, María Teresa Calabrese, psiquiatra y psicoanalista miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), todavía ve a la gente bastante controlada sobre todo en relación a epidemias previas y cree que puede darse un cierto aprendizaje social en ese sentido. "De todos modos eso también depende de cada persona. Hay gente que se paranoiquea muy fácilmente, se deja llevar por esa ola que viene, esas noticias, esa cosa de masa, y hay gente que conserva más su capacidad de raciocinio, puede ser más individuo pese a estas situaciones masivas", explicó a sabado. En este sentido, Samanta, que en estos días saluda muchas personas a diario por estar en plena adaptación al jardín de su hija menor, asegura que piensa seguir dando besos en la mejilla sin ningún problema. "En Buenos Aires todavía hay pocos casos-plantea-. Hasta que no haya más no pienso entrar en la paranoia, voy a seguir dando besos porque es mi manera de saludar", asegura.

Calabrese agrega que así como hay gente más relajada que apela al sentido común, también ha visto gente que tiene un cuidado más obsesivo, que se lava las manos a menudo o limpia su casa obsesivamente. "En ellos prenden estas ideas, dejan de usar el mate, reducen el contacto con otros, empiezan a tener ciertos reparos que no tienen mucha racionabilidad, porque en realidad acá no hay circulación", dijo y comparó con otras enfermedades que sí están instaladas y no se las toma tanto en cuenta.

Samanta (der.) saluda efusivamente a otra madre a la salida del jardín de su hija: "Hasta que no haya más casos no voy a entrar en la paranoia", dice
Samanta (der.) saluda efusivamente a otra madre a la salida del jardín de su hija: "Hasta que no haya más casos no voy a entrar en la paranoia", dice Fuente: LA NACION - Crédito: Patricio Pidal / AFV

"Yo no aceptaría cambiar los hábitos", dice por su parte Elsa Wolfberg, también miembro de APA y presidente de la versión local de la International Attachment Network. "A los argentinos los caracteriza la calidez y la proximidad corporal, y creo que no se justifica cambiar nada, y menos para aislar a las personas y a los sujetos unos de otros", agregó. "Creo que las ideas del ministro de salud (Ginés González García) van en el mismo sentido. Yo no modificaría hábito alguno porque eso es suponer que el vecino es sospechoso. Hay un señor que vino de Italia entre decenas de millones. Es un exceso de alarma, y yo no aislaría a las personas, por lo menos por ahora".

Más docencia

Lo interesante para algunos es aprovechar la coyuntura para generar conocimiento. Si hay mucha gente que agota inútilmente los barbijos de las farmacias y el alcohol en gel vuelve a ser protagonista cotidiano, hagamos de esa necesidad virtud. Algo así debió haber pensado la bióloga y docente de biología Mercedes Vernetti, quien ya tiene planificado que su primera clase práctica sea cómo preparar alcohol en gel, con una fórmula casera y relativamente fácil de hacer para alumnos de primer año del secundario. "Pienso intentarlo con mis alumnos de primer año que están al borde del ataque de pánico, pobres, uno incluso llegó a preguntarme si el aire acondicionado puede filtrar el virus. Entonces, voy a invitar a los familiares que quieran venir a pasar una mañana aprendiendo un poco de química y de paso se llevan un frasquito a modo de suvenir", contó. Al pasar, Vernetti también mencionó que estuvo en un vacunatorio de Belgrano donde había un cierto agolpamiento de gente en busca de la vacuna contra la gripe estacional, que no inmuniza contra el coronavirus pese a que, como siempre, se recomienda para todos los grupos de riesgo.

Por último, el doctor Harry Campos Cervera, magister en psiconeuroinmunoendocrinología (sin repetir y sin soplar), cree que incluso en situaciones más extremas hay hábitos que son extraordinariamente difíciles de modificar. "El menos conocido y que más incide es el tocarse la cara y no nos damos cuenta que lo hacemos muy frecuentemente", dijo. Y remarcó la importancia de no ocultar síntomas. "Yo trataría de que la gente comunique cuando tiene síntomas, porque otro elemento que hace a la propagación es la vergüenza. Uno siente un catarro o resfrío y trata de ocultarlo para no ser segregado. Esto mismo es peor que la enfermedad", indicó. Y poder darle a la gente la libertad de que pueda faltar a su trabajo, o que si tiene fiebre no la enmascare con pastillas.

¿El amor está en el aire y el virus también? No, el virus no, dice Campos Cervera. "Este virus no se propaga por el aire sino por la saliva o donde la saliva de un estornudo infectó. Pero no por el aire en sí mismo", explicó. Sobre el mate, estimó que es posible que las proteínas del virus no sobrevivan a la temperatura del agua. Y respecto de los besos, "yo preferiría no generar pánico, pero sí evitarlos en algún punto. Por ejemplo los mismos pacientes no me saludan con un beso cuando están resfriados. En resumen diría: más hábito de conciencia y menos caza de brujas".

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